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La campaña de trigo resultó compleja desde el inicio en la zona. Las lluvias complicaron la siembra, aunque aseguraron un buen nacimiento. También se complicó la fertilización de arranque con fósforo por falta de financiación.
Más adelante, al macollaje, momento en que se realizan aplicaciones de nitrógeno, las precipitaciones volvieron a escena y complicaron las aplicaciones por falta de piso y por mal tiempo. Si bien la financiación de los fertilizantes nitrogenados se resolvió, en parte por la excelente evolución de los precios de trigo a cosecha, surgieron complicaciones de abastecimiento. Algunos productores aplicaron lo planificado, otros menos, y algunos no alcanzaron a fertilizar.
La consecuencia de las lluvias, que durante la primavera continuaron aportando milimetrajes importantes, fue el lavado de nitratos en el perfil del suelo. Esto se ve con claridad en el cultivo, que se encuentra iniciando la floración. Los lotes no fertilizados presentan un color más claro, verde amarillento, que es signo de la falta e nitrógeno. Incluso en los lotes que fueron fertilizados de acuerdo a lo planificado, se observa con claridad una aplicación que resultó despareja, con plantas de menor altura y diferente color en los lugares donde se aplicó una menor dosis.
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