Hoy se está viviendo el ciclo del avance global más espectacular del que tengamos memoria, y las perspectivas de que sean sostenibles en el tiempo son concretas y previsibles gracias a la gran demanda de alimentos y proteínas por el crecimiento sostenido del poder adquisitivo de todos los habitantes del planeta y la aparición de biocombustibles.
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Mientras esto ocurre nuestra dirigencia quiere seguir desconociendo estos hechos de la realidad, desaprovechando una nueva oportunidad histórica que nos permita insertarnos definitivamente en el mundo desarrollado.
Esta es mi principal conclusión después analizar los debates, las declaraciones, las propuestas y las respuestas de la dirigencia en general ante un hecho trascendente como fue el paro, que promovió la dirigencia agropecuaria.
Fue un llamado de atención de todo el interior que quiere trabajar en libertad, sin la prepotencia de gobiernos o personas y que no están dispuestos a desaprovechar -con silencios cómplices por coyunturas electorales- las extraordinarias condiciones que nos presenta el mundo para crecer y desarrollarnos en provecho de todos los argentinos.
Escuchar nuevamente argumentos tan antiguos para defender el modelo de sustitución de importaciones del año 1945, encarnado por la propuesta del grupo productivo y que hoy está en vigencia con los primeros síntomas de los fracasos anteriores, me parece una insensatez de toda la dirigencia en general.
La cúpula agropecuaria no supo responder con expresiones concretas cuál es la verdadera realidad del agroindustria argentino. El tema no es solamente ganadero. Hoy no hay que discutir la antinomia campoindustria: hoy hay que hablar de industria eficiente-industria ineficiente para no seguir apoyando a los empresarios prebendarios del gobierno y del Estado. Hay que declarar con mucho énfasis que la cadena agroindustrial es la mayor del país. Hay que decir en voz alta a toda la sociedad que cuando se siembra un grano de trigo se está sembrando investigación, innovación y tecnología aportada por la gran industria del futuro, que es el conocimiento.
Nuestra dirigencia agropecuaria debería proponer -para no confundira la otras conducciones- que la única forma de poder tener alimentos para todos los argentinos es aumentado nuestras exportaciones a todos los mercados de mayor poder adquisitivo y no haciendo propuestas que convaliden las retenciones a la exportación para atender las necesidades de carne y pan baratos para los 38 millones de argentinos. Lo único que están haciendo con esa propuesta es convalidar el modelo vigente. Lo que hay que proponer es un padrón nacional que identifique realmente a quiénes hay que subsidiar.
Dólar artificialmente alto es con retenciones a la exportación y con control de precios de los alimentos de la canasta familiar, con el agravante de que ante los altos valores del precio de los commodities y la suba de los precios internos que éstos provocan y las necesidades fiscalesque genera el mismo modelo, nuestros políticos no van a tener ningún inconveniente en aumentar las retenciones -como termina ocurriendo siempre- después de las elecciones. Hay que darse cuenta que los precios de los commodities son iguales en todo el mundo y se manejan en dólar. Hay que proponer que los subsidios explícitos para atender las necesidades de los más pobres salgan de las arcas del Estado y no de las retenciones a la exportación, ya que deben ser eliminadas.
Lamentablemente este mismo razonamiento está en la propuesta opositora que -salvo rarísimas excepciones- defiende este modelo como si fuera sostenible en el tiempo. Solamente con saber que si los precios internacionales de los commodities fueran iguales que en 2001, los ingresos de los productores hoy serían negativos porque la relación dólar-peso es más grave que en el 1 a 1. Hoy, el dólar para vender producciones es de 2,40 pesos, mientras que para comprar un insumo el valor es de 3,40 pesos.
Ante esta falta de propuestas superadoras quiero hacer saber públicamente y con total convicción que prefiero dejar que siga la propuesta oficial para que la responsabilidad de arreglar este engendro sea exclusiva del gobierno cuando se sincere la economía en 2008, si tienen la suerte de que lo sigan acompañando las extraordinarias condiciones internacionales que son la única razón y justificación de la actual situación económica argentina.
Para que el diálogo que reclama el sector sea constructivo y permanente hay que discutir una política de largo plazo y salir de la coyuntura.
Hay que promover un sistema ágil y simple para que los ingresos fiscales que les corresponden a cada municipio ingresen en tiempo y forma directa. Este es el único sistema que les va a permitir a las autoridades municipales tener independencia política y ejercer la responsabilidad ante los recursos legítimos que les corresponden -sin tener que mendigar a los poderes provincial y nacional- el desarrollo de todas las pymes para el genuino desarrollo del interior del país.
Una vez establecido este marco nacional hay que discutir las políticas de Estado que necesita el sector, para no depender de las decisiones unilaterales de funcionarios a través de los sucesivos gobiernos.
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