19 de febrero 2003 - 00:00

Impulsan la cría de caprinos en Mendoza

Malargüe (especial) - A partir de un plan de desarrollo impulsado por el municipio local, la cría de caprinos en el departamento de Malargüe, en el sur mendocino, tomó un nuevo impulso que se traduce en la próxima aparición del primer chivito orgánico de la Argentina y la habilitación de un frigorífico de ganado menor autorizado por la Unión Europea.

Malargüe, el departamento más extenso de Mendoza, tan grande como todo el territorio de Tucumán, ofrece un perfil productivo diametralmente opuesto al que caracteriza al resto de la provincia. Es que aquí no hay bodegas ni viñedos.

En agricultura, se ha logrado un interesante desarrollo del cultivo de papa semilla y de ajo. También se observan muchas parcelas destinadas a forraje y algo de forestación, sobre todo, pinos.


Sin embargo, la principal actividad del campo malargüino es la ganadería caprina. El departamento produce anualmente unos 150 mil chivitos que se comercializan entre noviembre y la finalización del verano. La producción se asienta sobre tres pilares fundamentales: la ley de faenamiento en origen que propuso el intendente Celso Jaque, el tráfico federal de ganado menor y la rehabilitación del frigorífico municipal ubicado sobre la Ruta 40, a pocos metros del acceso a la ciudad.

En forma paralela, las autoridades locales lograron impulsar con éxito entre los puesteros o crianceros (así se denomina a los productores caprinos en la zona) un proyecto de chivito orgánico a punto de convertirse en realidad.

Y, además, se produjo otro fenómeno que les cambió la vida a los cerca de 1.200 puesteros, que pudieron acceder a la energía eléctrica a través de los paneles solares que hoy dominan el paisaje campestre del distrito.

• Desafío

En tanto, se hallan abocados a un nuevo desafío, que consiste en recuperar la ganadería ovina en el departamento. El secretario de Desarrollo Económico de la comuna, Juan Antonio Agulles, y el coordinador del Plan Arraigo de Malargüe, Isidro Márquez, exhiben con inocultable satisfacción los logros conseguidos.

Es que, para ello, debieron superar la inicial resistencia de los productores acostumbrados al individualismo por tratarse de una actividad que se traslada de generación en generación.

La ganadería caprina en Malargüe es trashumante, ya que en cuanto aparecen los prime-ros esbozos de la primavera los puesteros parten hacia las vegas cordilleranas para la «veranada».

Por lo general, se traslada toda la familia y, ante los primeros fríos, regresan a sus campos de invernada. Predomina la raza criolla, más resistente al duro clima de la región, aunque ya es común ver ejemplares de Anglo Nubian. Se calcula que hay en Malargüe unos 500 mil vientres.

Por el año '99, el intendente Jaque dio instrucciones de que se convocara a un grupo de puesteros, los más reconocidos por su experiencia y representatividad, para plantearles la posibilidad de que Malargüe tuviera el primer chivo orgánico de la Argentina.

Finalmente, alrededor de 50 productores aceptaron el desafío, y la comuna logró que las autoridades provinciales expropiaran unas 135 mil hectáreas, que conformaron un área piloto en la cual comenzó a trabajar la certificadora Organización Internacional Agropecuaria.

Agulles destaca que
en pocas semanas más estarán listos los primeros chivos orgánicos del país, que tendrán seguramente un destino de exportación a través del frigorífico de ganado menor que tiene la comuna y que cuenta con habilitación de la Unión Europea.

En este sentido, cabe señalar que el chivito malargüino será presentado en la
Fiera MIA Alimentazione Fuoricasa, que se llevará a cabo a fines de febrero en la ciudad de Rimini, en Italia.

Allí también se ofrecerá a potenciales clientes del Viejo Continente carne de ciervo, liebre y cordero patagónico, por impulso de la
Cámara de Comercio Italiana en la República Argentina.

Uno de los más reconocidos y premiados productores de la zona es
Eleuterio Lineros. Tiene un puesto a pocos metros de los Castillos de Pincheira, una de las grandes atracciones turísticas que ofrece Malargüe. En ese lugar, posee unas 600 cabezas, de las cuales 400 son vientres y el resto se completa con cabrillonas y caponcitos.

En el puesto La Agüita, de la familia Sagal, en la Reserva La Payunia, las cabras andan libremente por los peñascos de la montaña. El paraje, donde funciona el establecimiento de turismo rural ecológico Kiñe, está ubicado a 130 kilómetros de la ciudad cabecera del departamento.

Allí Sagal tiene un millar de animales y ofrece al visitante un menú que parece imbatible: chivito recién faenado a la parrilla o con estofado. Y, de postre, flan casero elaborado con leche de cabra.

Malargüe está considerado como la Capital Nacional del Chivo y es sede de una formidable fiesta popular que se celebra todos los años en enero.

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