Tras crear el Instituto de Desarrollo Agropecuario Argentino, cuyo propósito es seguir la evolución de las diferentes cadenas agroindustriales y analizar cómo se construye el escenario futuro para el sector más competitivo que tiene la economía argentina, Julián Domínguez dialogó con Ámbito y explicó cuál es su mirada del presente productivo que vive la Argentina.
Periodista: ¿Qué balance hace de los primeros 9 meses de la actual gestión de Javier Milei en cuanto a la política agropecuaria?
Julián Domínguez: Creo que se han cometido errores innecesarios e involuntarios. El primero fue, después de 20 años de trabajo de la diplomacia argentina, tomar la decisión de retirarnos de los BRICS. Es un doble o un triple error en la estrategia de inserción comercial que teníamos para el sector. Desde hace 25 años el escenario comercial es el Pacífico. Salir de los BRICS significó además romper una relación estratégica con Brasil, que es nuestro principal socio comercial, con quien Argentina desde hace 40 años venía trabajando en fortalecer el Mercosur. El tercer impacto negativo es vetar la posibilidad de financiamiento que generan los propios BRICS. No estoy hablando de otra cosa que no sea de negocio, de conveniencia a las oportunidades de negocios de la Argentina.
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Julián Domínguez habló sobre la situación actual del campo.
Cámara de Diputados
P.: ¿Argentina debería tener un ministerio de agricultura, de ganadería y de pesca?
J.D.: Determinadamente y definitivamente sí. Cuando asumí, mi condición era esa, de hecho fui el primer ministro del agro de la democracia. En la segunda oportunidad que se me convocó por la crisis del cierre de las exportaciones de la carne, también asumí como ministro, y cuando se tomó la decisión de convertirlo en secretaría, di un paso del costado, porque creo en que hay una subrepresentación política del sector agropecuario y del interior de la Argentina, que paradójicamente representa el principal ingreso de divisas de la Argentina.
No es lo mismo un ministro hablando con el presidente de la República, transmitiéndole los problemas, los aportes y soluciones, que por el área del sector agropecuario resuelva en un Excel el ministro de economía. Es decir, el campo no es un número. El peor error de la dirigencia política argentina es pensar el sector agropecuario en términos de números.
P.: ¿Hay un espacio político dentro del peronismo al que le cuesta entender al campo?
J.D.: Yo debo decirte que, paradójicamente, cuando asumí como ministro de agricultura, la presidenta (Cristina Fernández) me dio muchísima libertad. Cada vez que le llevé un planteo la presidenta me abrió el camino para todos los acuerdos que se formalizaron con China. Me abrió el camino para el diálogo con el sector. Nunca tuve un reparo.
P.: ¿En algún momento de la gestión quiso sacar retenciones o dar esa discusión?
J.D.: Mira, yo tengo una formación humanista y la sociedad argentina es una sola. Obviamente que las retenciones actúan como un impuesto de redistribución y la Argentina necesita del campo y de esa rentabilidad. Lo que es importante analizar es qué relación hay entre la producción y qué relación hay con lo que nosotros queremos del desarrollo agropecuario. Hoy Argentina debería estar produciendo 70 millones de toneladas de soja. Cuando los impuestos hacen inviable el sistema de producción, eso rápidamente hay que considerarlo. No se puede ser dogmático.
Hay que compatibilizar el bien común con el interés del Estado. De nada sirve un impuesto si ese impuesto conspira contra la producción, el crecimiento y el desarrollo. Creo que hay que encontrar una necesaria armonía en la Argentina entre lo deseado, y a lo que se aspira. Lo cierto y lo concreto es que la gallina de los huevos de oro es del sector agropecuario y de cada 10 dólares que en la Argentina se producen, 7 son del sector agropecuario. Y está claro, y esto también es una consideración, no es emotiva, es racional, verificable, cada vez que en la Argentina hubo o una sequía o un impacto de las condiciones climáticas, hubo una crisis económica y una crisis política después.
P.: ¿No le parece que la discusión de las retenciones ya es retrógrada, ningún país tiene retenciones?
J.D.: Primero deberíamos entender qué obligaciones tiene la Argentina. Tenemos una economía bimonetaria y un alto endeudamiento en dólares, que lo generó el gobierno de Macri, que no se destinó ni a la producción ni a la industria. La crisis de la Argentina es una crisis recurrente de dólares. ¿Cuál es la salida de la Argentina? Dejar de endeudarse a una moneda que la Argentina no produce. La única manera de salir que tiene la Argentina es que haya dirigentes más patriotas, con sentido más nacional, que defiendan el trabajo, la producción, la industria.
P.: Pero aún con los gobiernos peronistas, no se pudo avanzar demasiado.
J.D.: El sector agropecuario, doble contra sencillo, nunca ganó tanta plata como con el peronismo, porque había un modelo de país, porque había un costo de la energía, porque había un diferencial en los combustibles, porque había un tipo de cambio que favorecía la exportación. Entonces todos los gobiernos no fueron lo mismo. Y cada vez que se aplicaron las medidas que se defendieron, fíjate que en el 2001 con inflación muy baja, sin retenciones, de los 70.000 campos de la Argentina, 56.000 estaban hipotecados en los bancos y fue el Estado el que salió al rescate en ese momento. Nadie puede irresponsablemente prometer lo que no va a poder cumplir.
P.: ¿Por qué la Argentina, un país productor de carne, puede llegar al punto de cerrar las exportaciones de carne? ¿Tiene explicación lógica?
J.D.: No, no tiene explicación, chambones, fueron chambones, los muchachos que tomaron la decisión fueron chambones. ¿Qué hicimos nosotros? Llamamos a todos los gobernadores, llamamos a las entidades y el acuerdo que se dio para resolver ese problema fue con las propias entidades. Se resolvió y se llegó a exportar por sobre 900 mil toneladas, lo que yo sí creo que a muchos no les gusta, es que no pueden desencajar los hábitos del consumo interno de tu capacidad exportadora, me parece que tiene que haber el Estado y particularmente el Estado peronista tiene que garantizar una armonía.
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