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8 de octubre 2008 - 00:00

La apicultura también sufre el avance de la sojización

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El avance de la soja en los suelos más fértiles jaquea a los apicultores argentinos, que vieron caer su producción en los últimos años.
La tranquilidad a la que estaban acostumbrados los apicultores argentinos se vio interrumpida en los últimos años por el fuerte avance de la soja sobre la llanura pampeana.

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La región se transformó en poco tiempo en uno de los centros de producción agrícola intensiva más importantes del país, lo que marginó a la ganadería y luego, indirectamente, a la apicultura, una actividad normalmente ligada a la hacienda.

«Siempre se dice que la abejasigue a la vaca. Conviven prácticamente sin inconvenientes y por supuesto compartiendo la flor. Esto ya no se ve más», dijo Patricio Crespo, veterinario y apicultor de Chivilcoy.

La Argentina es el primer proveedor mundial de miel -en 2007 exportó u$s 134 millones-, pero actualmente los productores se están viendo obligados a relocalizar sus colmenas.

En los últimos años, la fuerte demanda internacional de alimentos y biocombustibles inundó los campos de la zona agrícola más rica de la Argentina con soja, además de intensificar la producción de maíz y trigo.

Muchos ganaderos y productores de leche trasladaron su hacienda a provincias lejanas o comenzaron a alimentar a corral a sus animales, para dedicar más hectáreas a la agricultura.

En Chivilcoy, el área de pastoreo sufrió un fuerte recorte, alarmando a los cerca de 300 apicultores del distrito que, debido a la escasez de flores silvestres que crecen en las zonas ganaderas, luchan contra una caída en su producción.

Las flores proveen a las abejas del néctar y el polen necesarios para alimentarse y fabricar miel.

«Hoy la rentabilidad es diferente y ya casi no hay lotes para desarrollar la apicultura porque están todos usados para la agricultura», dijo Crespo.

La producción de soja creció más de 100% en los últimos 10 años por la incorporación de semillas modificadas genéticamente y la creciente demanda china, reactivando la hasta entonces estancada actividad rural.

  • Exportación

    Nuestro país es el mayor exportador mundial de harina y aceite de soja, y las ventas de la oleaginosa representan un cuarto del total de los ingresos del país por exportaciones. Sin embargo, para los apicultores la expansión sojera significó una amenaza a su actividad.

    «Una de las características de la Argentina era que necesitaba de poca inversión para obtener productividad, sobre todo en la zona pampeana, antes de la soja», explicó Lucas Martínez, presidente de la Sociedad Argentina de Apicultores.

    Las colmenas producían un promedio de 60 kilogramos de miel por año, pero los rendimientos cayeron a un tercio de esa cifra en muchas regiones -en parte debido a problemas climáticos-, lo que implica que los apicultores necesitan más colonias para mantener su producción, añadió.

    Los apicultores creen que la caída de la productividad -reflejada en una merma de 20% de las exportaciones en 2007, medidas en volumen- está ligadaal fuerte crecimiento agrícolade la Argentina.

    «La soja hoy por hoy es el problema, pero, en realidad, cualquier otro cultivo plantado sobre superficies extensas, con uso de herbicidas, disminuye las plantas (flores) acompañantes», dijo Alicia Basilio, de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

    De todos modos, algunos especialistas creen que el desplazamiento de los apicultores a zonas más remotas genera mieles inusuales y productos orgánicos.
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