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6 de diciembre 2006 - 00:00

Las retenciones golpean la rentabilidad agropecuaria

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Muchos sectores no entienden que el agro dispara industrias de todo tipo y, en consecuencia, generan antinomias campoindustria, dice el analista.
Desde los años 40, en el país emerge una visión donde la industrialización pasa a ser prioridad, aun a costa del agro, como forma de progreso. Nunca se logra entender, realmente, que es el agro el que dispara industrias de todo tipo tanto hacia atrás -insumos y bienes de capital- como hacia delante, en dirección al cliente.

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La ideología imperante, si no se puede llamar antiexportadora, bien puede ser definida como discriminatoria y por ende negativa al crecimiento de las exportaciones derivadas de las múltiples ventajas comparativas de nuestro país. Sus primeros antecedentes se registran en los tipos de cambio múltiples -de la década anterior- que luego derivan en derechos de exportación en el año 1958 los que, con algunas interrupciones, se aplican hasta 1976. Reaparecen en 1983 y duran hasta 1991, cuando prácticamente son anulados, hasta su nueva imposición en el año 2002.

Las políticas económicas provenientes de tal ideología han sido proclives a reducir -vía derechos de exportación- el costo local de los productos de exportación -los alimentos- como forma de incrementar la capacidad adquisitiva de los salarios. Este efecto beneficioso, en el corto plazo, siempre ha sido un elemento adverso al crecimiento sostenido de la economía y de la agroindustria.

  • Discriminación

  • Es posible comprender que, frente a una determinada coyuntura muy delicada, tales derechos sean implantados. Pero, está claro que no pueden permanecer en el tiempo para dejar al país en la política de la inmediatez. Resulta tan poco republicana como racional esta política emanada de la autoridad centralizada que, en forma discrecional, decide a través de estos impuestos cuánto van a ganar o perder unos y cuánto otros.

    La discriminación no es producto únicamente del país, sino que se nutre del exterior. En Agriculture in Regional Economic Growth (1959), Douglass C. North (Premio Nobel en Economía) critica a reconocidos economistas por identificar el crecimiento económico con una revolución industrial, así como por sugerir que la ventaja comparativa de explotar tierras cultivables y otros recursos naturales podría retardar e incluso impedir el «despegue» industrial.

    Este economista sostiene que una cosecha exitosa de productos agrícolas y extractivos para la exportación puede ser -y, bajo ciertas condiciones, ha sido- el principal impulsor del crecimiento económico, del desarrollo de economías externas, de la urbanización y, por último, del desarrollo industrial de EE.UU.

    Desde la megadevaluación, el agro sufre un encarecimiento en los insumos importados, como fertilizantes y agroquímicos y en buena parte de los bienes de capital que hacen a la modernización y productividad. La presión de la suba general de precios, con la amenaza de mayor inflación, por el rezago sufrido por parte de los servicios, y los derechos de exportación, en un contexto de insumos encarecidos, no constituyen el aliciente necesario para la inversión en adición de valor y diferenciación de productos.

  • Realidad

    La aplicación de derechos de exportación acentúa el efecto de un tipo de cambio efectivo en baja. Así y de acuerdo con la percepción general, los ingresos del sector parecen altos, cuando en realidad la ganancia es baja, pues los insumos muy relacionados con el tipo de cambio son elevados. La realidad es que estos impuestos disminuyen los ingresos pero no disminuyen los costos, lo que provoca una distorsión.

    La incertidumbre que estas intervenciones estatales generan es la que, finalmente, mayor daño ocasiona. La señal implícita, en cada aumento de derechos de exportación, es terrible ya que voltea el espíritu empresarial y la actitud de emprendimiento hacia la adición de valor en la cadena. Vale preguntarse, entonces: ¿por qué no exportamos aceite de soja envasado y con marca? Preguntas como ésta tienen respuesta en la incertidumbre que rodea a la inversión.
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