La biotecnología aplicada a la agricultura es una de las herramientas que mayores avances han deparado en los últimos años a la producción de alimentos.
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La expansión global de la biotecnología agrícola, promovida por sus beneficios, se destaca por haber contribuido a aumentar la productividad agrícola en simultáneo con la reducción de los costos, por el incremento de la calidad y el poder nutricional de alimentos, y por la mayor resistencia de los cultivos a enfermedades y pestes, con una consecuente disminución en el uso de agroquímicos. En la Argentina ha cobrado una enorme importancia, y su gravitación aumentará sin duda en el futuro, como una herramienta estratégica para el desarrollo del país.
Con la vertiginosa adopción que tuvo la soja RR, resistente al glifosato, nuestro país se ubica en segundo lugar como productor de cultivos genéticamente mejorados luego de Estados Unidos. Gran parte del incremento de la producción agraria argentina, de 30 a 70 millones de toneladas en diez años, se debe a la adopción de cultivos transgénicos. El nivel de seguridad de los cultivos genéticamente modificados es tan alto como el de otros cultivos disponibles en la actualidad, ya que para su autorización comercial requieren de cinco a siete años de ensayos. La evaluación incluye los riesgos para los ecosistemas, estudios toxicológicos para determinar su aptitud para consumo humano y animal y, finalmente, la Dirección Nacional de Mercados Alimentarios, dependiente de la SAGPyA, dictamina sobre la conveniencia o el riesgo de su comercialización para evitar potenciales efectos negativos sobre las exportaciones argentinas.
Entre los productos biotecnológicos que se están desarrollando y serán lanzados en los próximos años figuran en primer lugar los cultivos con tolerancia a sequías, aquellos con resistencia a insectos y a Roundup, que permitirán (además de los beneficios RR) ahorrar en el costo de insecticidas, y aquellos cultivos con mayor eficiencia en el uso de nitrógeno, que posibilitarán incrementar los rendimientos por mayor aprovechamiento de este nutriente.
Además, están en marcha los maíces con alto contenido de lisina, que aportarían beneficios para la producción porcina y aviar; mientras en soja, se busca lograr resistencia a la tan temida roya asiática.
En suma, para que el nuevo sistema agrícola pueda alcanzar simultáneamente alta productividad, rentabilidad y sustentabilidad, la base es la aplicación plena de la ciencia moderna, es decir, la maximización en el uso de los recursos de la biotecnología para el agro.
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