Los empresarios
textiles y
del algodón
temen por el
avance del
picudo, que
perjudica los
rendimientos
del cultivo y la
oferta para la
industria.
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Y hay una realidad no menos importante.
A pesar de este cuadro de situación, todavía contamos con una red de trampas que nos indica dónde hay infestaciones, personal capacitado en su mantenimiento, hilanderos responsables que pagan las tasas correspondientes y recursos humanos del SENASA.