El efecto de la devaluación experimentada durante los primeros meses del año pasado es más que llamativo. Pocas veces en la historia económica mundial pueden verse mejoras en el tipo de cambio real de tan elevada magnitud. La devaluación en la Argentina dejó un tipo de cambio real muy alto, al menos, en términos históricos, aunque, desde octubre, viene deteriorándose por la acción combinada de la suba de precios internos y la baja nominal del valor del dólar. Pero... ¿por qué la definimos como llamativa? Pues porque, pese a la devaluación tan acentuada, la exportación de la mayor parte de la producción comercializable con el exterior tuvo un crecimiento, a lo largo del año 2002, de signo negativo. La baja en el conjunto del valor de las exportaciones llegó a 5 por ciento, en un contexto internacional de precios agrícolas en marcada suba.
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Ello explica que no es suficiente mejorar el tipo de cambio. Más importante que un elevado tipo de cambio resulta la previsibilidad y estabilidad política, el mantenimiento de reglas claras y un horizonte jurídico inviolable. Lo que resulta impactante es el crecimiento en el saldo de la balanza comercial, como consecuencia de la baja en el valor de las importaciones con una caída de 59 por ciento, debido fundamentalmente a la reducción en las cantidades importadas (-56 por ciento). Esta baja es la respuesta a la contracción económica interna y el tipo de cambio elevado. El aumento en el saldo comercial es el que, en buena parte, ha permitido la tranquilidad del mercado cambiario de los últimos meses. Ahora bien: una cosa es lo que estuvo sucediendo y otra es lo que puede suceder. Nos estamos acercando a la fecha de elecciones. A medida que el tiempo avance la fortaleza del gobierno irá debilitándose y la presión de los diferentes sectores de la sociedad será más agresiva.
Aunque resulte duro decirlo, es probable un aumento en el nivel de violencia callejera, mediante nuevas manifestaciones. Las demandas por mejoras seguramente habrán de ser una constante.
La estabilidad del dólar de los últimos meses estuvo dada por el control del mercado cambiario, que mantuvo una oferta alta de divisas y una demanda baja de divisas, por razones básicamente artificiales y no genuinas, en un contexto de fuerte ingresos de divisas por saldos favorables en la balanza comercial.
Como el Estado no paga la deuda pública, la demanda de dólares se ve reducida ya que no necesita abonar las correspondientes remesas de dólares. De esta forma, si el Estado no necesita dólares para pagar deuda, la demanda se contrae.
Además, las tasas de interés que se están pagando son extraordinariamente altas. Ello hace que buena parte de la gente venda dólares para colocarse en pesos. Pero la realidad es que esta situación no es sostenible, pues el que paga estas tasas tarde o temprano explota.
Vale preguntarse, entonces: ¿cuán factible es que el valor del dólar continúe así?
• Escenarios
La respuesta puede establecerse a través de distintos escenarios, donde uno de ellos, quizás el más probable, muestre la proximidad de un cambio en la tendencia. Resulta difícil establecer cuándo será el cambio, en caso de darse. Pero, lo que sí es probable es que a medida que nos acerquemos a las elecciones la situación se hará más inestable y por ende la demanda por dólares irá en aumento y aquellos ahorristas que están en pesos tenderán a salir en busca de dólares nuevamente. Por ende, el valor del dólar debería tender a aumentar.
Siendo así las cosas, dado que la producción granaria está íntimamente ligada al valor del dólar, los precios de los commodities agrícolas en el mercado local presentan una expectativa de suba, en el corto plazo.
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