10 de marzo 2004 - 00:00

Una Junta de Granos no es buena para el campo

Preocupan al sector privado intenciones del gobierno de formalizar una junta nacional de granos como la que ya existió en otras etapas del país.
Preocupan al sector privado intenciones del gobierno de formalizar una junta nacional de granos como la que ya existió en otras etapas del país.
"Para solucionar el problema de los agricultores hay que volver a tener la Junta Nacional de Granos", expresó el ministro de Economía, Roberto Lavagna, en el Congreso de la Nación, respondiendo a un reclamo por la eliminación de las retenciones a la exportación. Parece haber olvidado lo sucedido con la Junta de Granos en la década del '80, especialmente durante el gobierno de Raúl Alfonsín, cuando Lavagna, como funcionario de ese gobierno, no solamente no atendió los problemas de los productores sino que fue en contra ellos.

Debería explicar Lavagna los motivos por los que durante esa gestión la Junta compró los «pollos de Mazzorín», operación que se realizó para hacer bajar el precio de la carne.

También recordar cuando cerró los permisos de exportación para que los molinos compraran el trigo sin competencia, pero después igual subía el precio de la harina al compás de la inflación, no solamente perjudicando a los productores, sino también a los consumidores. Que explique, además, por qué ponían el precio sostén y lo pagaban a plazo cuando la inflación devoraba los ingresos del productor.

Hay que recordar que, en la mayor parte de su existencia, las juntas estuvieron intervenidas y siempre sus presidentes fueron designados por el Estado. Nunca el manejo lo tuvieron los productores y hasta la asunción de Carlos Menem como presidente, solamente participaban en el consejo directivo Coninagro y Federación Agraria; luego fueron incluidas Sociedad Rural Argentina y CRA.

• Imprevisibilidad

Por otro lado, Lavagna debería recordar que en la década del '80 la producción se estabilizó por el manejo arbitrario de esos organismos con la imprevisibilidad en sus decisiones. Además, que la burocracia que crearon la pagaron todos los argentinos con la recordada hiperinflación que terminó con el gobierno de Alfonsín. ¿Puede creer el actual ministro de Economía que con ese tipo de Junta de Granos hubiera permitido la duplicación de la producción de granos que se produjo desde que se desreguló la economíay desaparecieron esos organismos?

También
Lavagna no debería olvidar que a pesar de existir la Junta de Granos, había retenciones a las exportaciones en niveles que llegaron a 37 por ciento y que además teníamos que convivir con brechas cambiarias por tener dólares diferentes para las operaciones de importación o de exportación. ¿Por qué el Ministro no les pregunta a los productores patagónicos qué pasó con sus lanas y la grave emigración desde los campos en el Sur? Lo mismo pasó en todas las otras economía regionales, cuando más alejadas del puerto se agravaba su rentabilidad.

Mi mayor preocupación es que el actual gobierno no se dé cuenta de que
las políticas de retenciones a la exportación son las responsables de tener un país en la realidad unitario y plagado de villas miseria en los grandes centros urbanos, por la gran emigración de los ciudadanos del interior.

Además, los gobernadores, en vez de hacer una oposición enérgica a este tipo de tributo, están solicitando que sea coparticipable, perjudicando a todos los habitantes de sus provincias.

• Promoción

Estoy convencido de que lo que necesitamos es promover las políticas de Estado que den previsibilidad al Complejo Agroindustria, y que éstas tengan respaldo legislativo, para que nunca más estemos discutiendo decisiones tomadas por decretos en temas fundamentales como las políticas fiscales y de retenciones a la exportación.

Por último, no esperaba que un ministro como Lavagna, que fue
un gran piloto de tormenta en esta nueva gestión, pudiera pensar que la solución para un pequeño grupo de agricultores fuera volver a ese tipo de organismos.

En la era del conocimiento, el Estado tiene la obligación de promover políticas basadas en la tecnología y en la extensión para su desarrollo, y hoy tiene los organismos necesarios para hacerlo, como el INTA y el Banco de la Nación Argentina.

«No provoquemos que, por políticas equivocadas, muchos productores que pudieron salir de una situación de crisis vuelvan a tener problemas de rentabilidad».

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