26 de abril 2023 - 00:00

Cuando el talento se entrevera con formas de la locura

decapitada. Una de las obras de Mildred Burton en  Ruth Benzacar.
decapitada. Una de las obras de Mildred Burton en Ruth Benzacar.

En las salas adyacentes a la galería Ruth Benzacar, se encuentran las muestras “La gracia extrañada”, de Aída Carballo (1916 -1985) y, “La monarca”, de Mildred Burton (1942- 2008). Las dos artistas estuvieron internadas en instituciones psiquiátricas pero la enfermedad no limitó el talento y ambas tuvieron una brillante trayectoria. La galerista Orly Benzacar cuenta que consiguió dos carpetas de litografías de Carballo, “Los locos”, con las imágenes realizadas después de su internación en el Vieytes, y la serie “Los amantes” (1965), censurada por algunas imágenes de sexo explícito cuando se expuso en el Museo Moderno.

En un texto brillante que llega a la intersubjetividad extrema, la escritora María Gainza describe desde su propia experiencia el anuncio de los síntomas de la enfermedad y el momento en que se desencadena la “tormenta psíquica”. Carballo, admirada por sus pares artistas, fue una gran dibujante, pintora, ceramista e ilustradora del suplemento cultural de un periódico y el libro Misteriosa Buenos Aires, de su amigo Manucho Mujica Láinez.

Por su parte, Mildred Burton, “quizás esquizofrénica”, según sus biógrafos, valoró su relación con Carballo. Durante una entrevista que relata María Gainza, reconoció: “Mi mundo tiene contactos tangenciales con el de Aída Carballo, que fue una de las artistas que me apuntaló cuando yo empezaba. Ella me largó al ruedo. Con Aída tuve una relación muy especial; me protegió y yo tenía la sensación de que me quería salvar de algo”. Gainza cuenta una vida que rinde cuenta de las alucinaciones de Burton, desde el cajón con su madre muerta de septicemia a los 25 años, su casamiento con un militar y la llegada al cabaret Dragón Rojo, donde trabajó como copera. Realidad y ficción se confunden hasta el final de sus días. Las obras la pintan de cuerpo entero, desde el rostro de la niña decapitada y la mirada siniestra de una muñeca, hasta la historia bizarra de una Caperucita Roja que circula en moto por el bosque y termina con el lobo feroz en su canastita, pero cortado en chuletas.

A. M. Q.

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