Atleta olímpica somalí fallece en el hundimiento de su barca

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La atleta somalí Samia Yusuf Omar, participante de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, falleció recientemente cuando intentaba alcanzar Italia junto con otros inmigrantes ilegales, al hundirse su precaria barca en el Mediterráneo, según una escritora italiana.

La noticia de la muerte de la Samia Yusuf Omar fue conocida a través de la escritora romana de origen somalí Igiaba Scego, quien a su vez recogió el testimonio de un exatleta somalí.

"¿Saben qué pasó con Samia Yusuf Omar?", preguntó el exatleta Abdi Bile, uno de los héroes deportivos de Somalia, al trazar un paralelo entre aquella joven y Mo Farah, atleta británico de origen somalí que ganó dos preseas doradas en los recientes Juegos Olímpicos de Londres.

Ante el silencio de la platea reunida por el Comité Olímpico Nacional de Somalia, contó el final trágico de la atleta de apenas 21 años.

Bile, ganador de los 1.500 metros en el Mundial de Atletismo de Roma de 1987, rindió tributo a Samia, al recordarla durante un homenaje a Mo Farah, quien arribó como refugiado a Inglaterra y se ha convertido en un "héroe nacional" después de ganar en Londres las competencias olímpicas de 5.000 y 10.000 metros.

"Estamos felices por Mo, es nuestro orgullo, pero no olvidamos a Samia", pidió Bile, según reprodujo el diario milanés Corriere Della Sera. El exatleta recordó emocionado que Samia "era como mi hermana, una muchacha pequeña y frágil" que superó la vida de privaciones de Somalia para cumplir su sueño olímpico en 2008.

La escritora Scego agregó que Samia "fue una muchacha que hizo muchos sacrificios para llegar a los Juegos Olímpicos de Pekín", donde compitió en los doscientos metros femeninos.

Samia terminó última en esa competencia con un tiempo de 32,04 segundos, lejos del pelotón de corredoras encabezado por la jamaiquina Verónica Campbell-Brown, que cruzó la meta en apenas 23 segundos y fracción.

Pero, el triunfo de su voluntad fue más importante que la ubicación en la pista de atletismo, de esa imagen de rezagada que recorre los últimos metros casi quebrada, porque para ella el éxito había sido llegar a Pekín y por eso recibió el aplauso del estadio.

"Ha sido una experiencia bellísima, he portado la bandera de mi país, he desfilado con miles de atletas del mundo", expresó radiante a su regreso a Mogadiscio.

Cuatro años después, apenas, el destino le reservó una historia completamente distinta, porque aquella voluntad que le alcanzó para llegar a Pekín, naufragó en medio del Mar
Mediterráneo.

"Era una atleta bravísima, una esplendida muchacha", comentó Bali sobre sus recuerdos de Samia, a pedido de Igiaba Scego, que se propuso tender puentes entre la consagración olímpica de Mo -ahora nacionalizado británico- y la joven que perdió la vida en la última carrera emprendida desde las costas de Libia hasta la soñada Italia.

Samia había nacido en 1991, hija de una vendedora de frutas y de un hombre asesinado por un proyectil de artillería. Debió entrenarse en condiciones difíciles, ya que los milicianos fundamentalistas en una capital siempre envuelta en un clima de guerra civil, consideraban que una muchacha musulmana no debía participar en actividades deportivas y la hostigaron permanentemente.

Pese a las dificultades y las amenazas, en mayo de 2008 Samia Omar se consagró campeona africana de los 100 metros y con solo 16 años meses después desembarcaba en Pekín, para ingresar a la historia olímpica, aún ocupando el último puesto.

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