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9 de enero 2006 - 00:00

Baldomir, émulo de Monzón

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Puños cerrados y el gesto de haber logrado lo que fue a buscar. Carlos Baldomir conquistó el cinturón de los welters.

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El veterano boxeador santafesino de 34 años, se convirtió en la madrugada del domingo en el campeón mundial 29º de la historia del pugilismo argentino, y ahora reina junto con Omar Narváez (mosca OMB), Jorge «La Hiena» Barrios ( superpluma OMB), y Marcela «La Tigresa» Acuña (pluma WIBA). Baldomir se quedó con la corona welter del CMB y la AMB, en una decisión de los jurados que se puede calificar de ejemplar, porque el púgil del barrio Sargento Cabral, de Santa Fe, fue quien sacó en el ring una considerable ventaja que no dejó dudas al jurado y que marcó la vigencia del legendario técnico Amílcar Brusa, de 83 años.

Baldomir llegó a esta instancia mundialista después de haber soportado toda clase de vicisitudes. Combatió en los últimos años en diversos escenarios extranjeros, tanto europeos como estadounidenses, y en todos realizó grandes actuaciones, a tal punto que nunca perdió, mientras que su última derrota fue hace siete años frente al cordobés Alberto Cortés.

Tuvo que combatir en dos oportunidades para llegar al puesto número uno del ranking del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), y hasta en una de esas peleas sólo cobró una pequeña parte de la bolsa porque el promotor del combate libró cheques sin fondos. En los últimos cuatro meses, Baldomir estuvo concentrado en el gimnasio La Brea de la ciudad californiana de Los Angeles, propiedad de su manager el mexicano Javier Zapata.

«Yo sabía que había hecho lo máximo, pero no pensaba que iba a ganar. Cuando me proclamaron campeón no lo podía creer», dijo Baldomir.

En diálogo con radio «Del Plata» expresó que «siempre dije que para mí era un honor pelear ahí. Nadie creía en mí, pero yo siempre tuve la esperanza de ser campeón».

Baldomir, que ganó la pelea por el fallo unánime de los tres jurados, pero que tuvo al estadounidense al borde del nocaut en el séptimo asalto, señaló que «tuve la mala suerte de pegarle con la derecha y no poder definirlo, así que pensé que la pelea se me iba de las manos. Igual, siempre fui para adelante con mucha fuerza y al final se me dio». El argentino se ilusionó con su vuelta al país. «Santa Fe va a ser una fiesta. Será un regreso inolvidable», dijo.

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