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2 de septiembre 2013 - 16:51

Buenos Aires se prepara para albergar la sesión del COI

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Rogge, presidente de la COI, anunciará la sede de los Juegos Olímpicos de 2020.
En tiempo de moderación, poco inclinado a los excesos, el Comité Olímpico Internacional (COI) tiene que elegir entre Estambul, Madrid y Tokio la ciudad que organiza los Juegos Olímpicos de 2020, decisión que se conocerá el sábado 7 de septiembre en Buenos Aires.

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La opción de bajo coste está representada por Madrid, Estambul aboga por un puente entre Oriente y Occidente, mientras que Tokio siempre defiende la alta tecnología como su gran legado. Pero los tres prometen convertir los Juegos-2020 en un gran espectáculo.

Si a nivel técnico las tres ciudades están perfectamente capacitadas para organizar la cita, cada una tiene alguna sombra que puede influir en la votación final de los miembros del COI.

Turquía vivió en junio revueltas sociales que sacudieron su frágil democracia, mientras que España está marcada por la durísima crisis económica que ha sufrido en los últimos años. A Japón, por su parte, le persigue el fantasma de la crisis nuclear de Fukushima en 2011.

En la decisión del COI estará muy presente la elección de Río de Janeiro para la edición de 2016. La alegría de la samba que cautivó a todos hace cuatro años ha derivado en retrasos en los proyectos y las multitudinarias manifestaciones que recorrieron el país durante la Copa de las Confederaciones de fútbol el pasado mes de junio han provocado inquietud en la organización.

Otro factor que tendrá en cuenta el COI es todo lo que ha rodeado a la preparación de Sochi (Rusia) como sede de los próximos Juegos de Invierno, en febrero de 2014.

El proyecto ya ha ganado la medalla de oro a los Juegos más caros, con una factura de 50.000 millones de dólares, cinco veces superior al presupuesto original.

En este sentido lo que preocupa es el carácter poco ecológico que han adquirido las obras. En el plano social el COI se ha visto sorprendido en los últimos meses por la aprobación de una ley que castiga las manifestaciones de homosexualidad, lo que ha desatado un gran escándalo.

Ya en mayo de 2012, cuando el COI eligió las tres finalistas para los Juegos-2020, quedó claro que el músculo económico ha dejado de ser un factor 'ganador', dejando fuera del trío a las dos candidaturas con mayores recursos financieros: Doha y Bakú.

Quince meses más tarde, la batalla se percibe como muy cerrada entre los tres finalistas, sin un favorito claro. Todo hace indicar que el trabajo de las candidaturas en los últimos días, ya en Buenos Aires, puede condicionar la decisión final.

Turquía, el único de los tres países que no ha organizado unos Juegos, considera que ha llegado su momento. El reconocimiento olímpico sería el sello definitivo como nueva potencia en el escenario mundial. Antes presentó cuatro candidaturas pero ninguna tuvo opciones reales de ser seleccionada.

Estambul sueña con ser la primera capital de un país con mayoría musulmana en el que la llama olímpica brilla, además de ofrecer unos Juegos entre dos continentes, Asia y Europa.

Para lograr este objetivo la candidatura considera que son necesarios 22.000 millones de euros, el presupuesto más alto de las tres finalistas, debido a la necesidad de invertir en infraestructuras que, de todas formas, serán realizadas aunque finalmente no se celebren los Juegos.

En el polo opuesto se encuentra Madrid, que ha patentado la candidatura de la austeridad. Con un proyecto bien elaborado y un presupuesto discreto, 5.000 millones de euros, la capital española considera que los preciados cinco aros no son un lujo inalcanzable.

Lejos de desanimarse por sus dos fracasos consecutivos, Madrid ya cuenta con las instalaciones construidas para sus proyectos anteriores por lo que, además de la Villa Olímpica, le quedaría muy poco por empezar de cero.

Al igual que la capital española, la japonesa ha regresado a la competición después de su fallido intento por organizar la edición de 2016, a pesar del tsunami que destrozó el noroeste del país en marzo de 2011.

Con los Juegos quiere pasar página de este desastre y recuperar su orgullo, demostrando al mundo que el archipiélago sigue siendo una gran potencia económica, el reino de la eficacia y de la innovación tecnológica.

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