A Naigambo se la ve perdida, corriendo de un lado a otro de la pista y agarrándose el estómago con muestras claras de dolor. Hasta que no soportó el dolor y se cayó contra los carteles publicitarios que marcan lo ancho de la pista.
Sin embargo, su amor propio hizo que se levantara, ante el estupor del público que la animaba con aplausos y gritos, y siguiera los pocos metros que le quedaban. Cuando cruzó la meta, se desvaneció por completo y debió ser asistida por los organizadores de la carrera.
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