14 de febrero 2018 - 21:42

El Argentina Open mantiene su status en un circuito adverso para torneos chicos

El torneo porteño se ubica en la media de premios entregados e incrementó el nivel de los sponsors, aunque le falta un auspiciante principal. Sus cuadros superan a la gran mayoría de los 250.
El torneo porteño se ubica en la media de premios entregados e incrementó el nivel de los sponsors, aunque le falta un auspiciante principal. Sus cuadros superan a la gran mayoría de los 250.
Al transitar por las "calles" del Buenos Aires Lawn Tennis Club durante el Argentina Open se puede sentir la tradición de un torneo único. Es verdad que no tiene ni la envergadura ni los flashes de un Grand Slam o un M1000, pero sigue siendo uno de los campeonatos más reconocidos a nivel mundial y sólo superado por un puñado de plazas.

Son escasos los ATP 250 que rivalizan con el certamen porteño. Ya sea por calidad de jugadores actuales o que pasaron por sus anteriores versiones, premios o el mitológico Court Central Guillermo Vilas, es uno de los puntos fuertes entre las canchas de polvo de ladrillo.

En 2009 el circuito se modernizó y cambiaron las categorías, puntos y prize money de los torneos, así como las cifras de cada jugador en el ranking. También se actualizó la cantidad de superficies, ya que algunas, como la carpeta, se dejaron de utilizar.

Buenos Aires mantuvo su status en los "chicos", aquellos que de 175 pasaron a entregar 250 puntos. Arriba están los 500, los Masters 1000 y los Grand Slam (2000). Muchas veces se coqueteó con pasar al doble de puntaje, pero el evento más importante del tenis local nunca se modificó.

El Argentina Open sorteó épocas complicadas, la crisis de 2001, la falta de un sponsor principal y el recambio generacional de nuestro deporte blanco. Con todo, se mantuvo firme y albergó algunos de los mejores cuadros de la temporada.

Para este año, la competencia entregará premios totales por u$s 648.180 (568.190 específicos para abonar a los jugadores). Aunque se cayó la presencia de Marin Cilic, número 3 del mundo y reciente finalista en Australia, cuenta con el austriaco Dominic Thiem (campeón en 2016), el británico Kyle Edmund y el francés Gael Monfils. Supo tener a Rafael Nadal, a Gustavo Kuerten, Stanislas Wawrinka, entre muchos otros.

Tras la partida de una compañía de telefonía celular que le daba nombre, el torneo sufrió algunas bajas de patrocinadores. Actualmente cuenta con varios inversores del estado más compañías de primera línea mundial como Axion, Peugeot, Emirates, American Express y Wilson, entre varios más y cada uno con diferentes categorías.

• Región

Pero Buenos Aires no es el único torneo de la región. Sí es tal vez uno de los más estables y continuos. A lo largo de los últimos años, las citas latinas fueron cambiando de escenario, reemplazando unas a otras y vendiendo sus locaciones. Así, actualmente existe Quito en el inicio, el Argentina Open, el ATP 500 de Río de Janeiro y finalmente el Brasil Open en San Pablo.

San Pablo, Brasil.

El campeonato ecuatoriano tomó el lugar del histórico torneo de Chile (alternaban Santiago y Viña del Mar). Por ser el primero de la gira, suele tener cuadros más discretos, más allá de que muchos jugadores realizan un plan específico en donde una ciudad arrastra a la otra. Su bolsa total de premios es de poco más de u$s 560 mil, y cuenta con patrocinadores como Seguros Sucre, Juan Valdez Café, Powerade y entidades estatales, como el Banco Guayaquil.

Por su parte, San Pablo es el último de la etapa sudamericana y tomó la posta de Costa do Sauipe, manteniendo el nombre de Brasil Open. Es el único campeonato que se juega sobre polvo bajo techo. Aunque está al final, se nutre de los nombres estelares que lleva Río de Janeiro. Reparte u$s 582 mil, y entre sus muchas marcas figuran Vivo (subsidiaria de Telefónica), Banco do Brasil, Mapfre, Ernst Young y algunas compartidas con Buenos Aires: Peugeot, Emirates, Fila, Marriott.

Con cuadros muy similares a los de "nuestro" campeonato, el ATP paulista tiene el honor de contar con dos N°1 en su historia, y ambos dos veces campeones: Nadal y Kuerten. Además, vio desfilar figuras del tamaño de Carlos Moya, David Nalbandian, Gastón Gaudio y Juan Carlos Ferrero.

• Escala mundial

Pero los torneos de 250 puntos no se terminan en el cono sur. En total son 40, repartidos 22 en Europa, siete en América del Norte, cuatro en Asia, tres en Oceanía y sólo uno en África, siendo el único de todas las categorías que se disputa en la región. Además, se disputan sobre todas las superficies que tiene habilitado el circuito.

La gran referencia es Doha. Con Exxon Mobil (la antigua Standard Oil) como title sponsor, la cita de Qatar es la más poderosa de la categoría. Qatar Airways, Rolex, el representante local de BMW y varias empresas locales más, aportan un poderío económico que le permite destinar más de 1,3 millones de dólares en premios para los 32 jugadores que compiten (usualmente son 28).

Doha, Qatar

¿Este sustento monetario se traduce en figuras? Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray y decenas de nombres ilustres más se anotan anualmente en la cita que abre la temporada.

El resto de los 250 de Asia comparten una singularidad: demostrar la fuerza financiera de la región. Así, los torneos de esta categoría que se disputan en China entregan un premio mayor que Buenos Aires. Chengdu ofrece un paquete final de más de u$s 1,1 millones y Shenzhen u$s 760.300.

América del Norte y Europa se reparten los campeonatos con más trascendencia, algunos por historia y otros por fuerza del dinero. Así, México alberga a Los Cabos, un certamen que se jugaba originalmente en Bogotá y emigró. Reparte más de 800 mil dólares y carece de jugadores de la primera línea, aunque sus apellidos más importantes suelen acomodarse entre el 15 y el 30 del mundo.

Estados Unidos es sede de seis torneos 250. Se juegan sobre cemento, polvo y césped, y tienen un nivel económico similar. Se destaca sobre la norma Winston-Salem, que es la plaza previa al US Open. Su cuadro es de 48 jugadores, el más nutrido de la categoría, y entrega u$s 778.070. Pese a esto, su cercanía al último Grand Slam del año lo pone en desventaja en relación a los inscriptos y suelen jugar aquellos que buscan ritmo y adaptación para Flushing Meadows.

Ambreres, Belgica.

Finalmente, en el Viejo Continente aparecen algunos de los campeonatos más tradicionales del mundo, como Estocolmo, Kitzbuhel o Gstaad. Existen plazas menos usuales, como Sofía, Budapest o Antalya (Turquía), o los rusos de Moscú y San Petesburgo que son los de premios más abultados, en torno al millón de dólares.

Uno de los torneos para destacar es Amberes, propiedad de Tennium, la empresa que ahora es socia mayoritaria del Argentina Open. El certamen belga emergió con la creciente figura de David Goffin y cuenta con algunos de los top ten franceses, como Richard Gasquet y Jo-Wilfried Tsonga. Se jugaron dos ediciones y en ambas ocasiones el finalista fue Diego Schwartzman. BNP-Paribas, Bwin, Peugeot, Emirates y Head son algunos de los patrocinadores.

Año a año, los campeonatos de 250 sufren cada vez más merma de figuras, que tienen la obligación de los jugar los Grand Slam y los M1000. En ese contexto, los más chicos luchan semana a semana para subsistir, y algunos no lo logran. Buenos Aires demuestra con su longevidad y la calidad de sus cuadros que, pese a la lejanía y cierto déficit económico, se mantiene como uno de los mejores de la ATP.

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