En el estreno del atletismo en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, y apenas un par de horas después de que la competencia echara a rodar, la etíope Almaz Ayana se convirtió en el personaje del día al pulverizar este viernes el récord del mundo de los 10.000 metros en la primera final disputada en el Estadio Olímpico.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Con sus 29.17.45 minutos, la cinco veces campeona mundial rebajó en más de 14 segundos la anterior plusmarca de la china Junxia Wang, que estaba en 29.31.78 desde hace 23 años y parecía ya intocable.
"Yo sólo vi el récord cuando acabé la carrera", señaló Ayana, tras recibir la medalla de oro, una hora después de lograr su espectacular registro.
"El objetivo no era batir el récord, sino ganar", añadió la menuda fondista etíope, con suma modestia, a través de su traductor.
Ayana hizo ambas cosas por delante de la keniata Vivian Cheruiyot que, con 29.32.53 se llevó la plata, y de la también etíope Tirunesh Dibaba, que en Londres 2012 se había alzado con el oro y ahora hizo un tiempo de 29.42.46 para subirse al último escalón del podio.
También la keniata Alice Nawowuna consiguió bajar de los 30 minutos, al terminar cuarta con un tiempo de 29.53.51 (este tiempo también sería récord olímpico). Hasta este viernes y desde 1993, sólo cinco atletas habían logrado correr por debajo de esa línea, dato que magnifica el registro de Ayana.
Ella, sin embargo, pareció no darle demasiada importancia. Pese a sus cinco títulos mundiales, la fondista etíope había llegado a Río preocupada por cómo evolucionaría en el 10.000.
En los meses anteriores a los Juegos, sus mejores resultados los había cosechado en los 5.000, prueba que disputará el próximo 16 y a la que había dedicado buena parte de su preparación.
"No pensaba en récord ni en nada porque mi preocupación eran los 10.000", confesó Ayana después de haberlos surcado más rápido que ninguna otra mujer en la historia.
"En los 5.000 sé que estoy muy bien preparada, tuve muy buenos resultados este año y, además, el ritmo va a ser muy diferente", añadió, con una tímida sonrisa, contenida.
En la distancia larga, el ritmo que impuso la multicampeona etíope fue endiablado; imposible de seguir incluso para las keniatas, sus habituales perseguidoras, qué decir para las restantes atletas.
Fue, precisamente, una de ellas, Nawowuna quien lideró la carrera hasta casi los primeros 5.000, marchando también a una velocidad que enseguida fragmentó la carrera en múltiples grupos.
Cerca de ella, se mantuvieron su compatriota Cheruiyot y las etíopes, esperando el momento para dar el golpe. Llegó mucho antes de lo esperado. Apenas unos metros antes de completar la mitad de la carrera, Ayana hizo el cambio, aumentó la velocidad y se fue de manera tan fulgurante que ninguna otra atleta pudo seguirla.
"La keniata avanzaba bien, pero yo sabía mi plan y lo ejecuté", resumió parcamente sobre su estrategia la nueva plusmarquista mundial.
Durante casi cinco kilómetros, Ayana corrió prácticamente sola. Estirando su zancada y adelantando una y otra vez a las atletas que iba doblando. Y fueron muchas.
Y como no desfalleció, pese a lo temprano de su ataque, la batalla se libró por detrás, por los dos cajones restantes del podio.
Nawowuna pagó el esfuerzo de su primer mitad y cedió terreno. Dibaba, que venía cuarta, apuró su zancada en las últimas vueltas y logró atrapar un bronce con el que pareció conforme.
"Me entrené como pude, sin demasiado tiempo para preparar esta distancia y, además, esta carrera ha sido muy difícil, con muchas rivales muy cerca", se excusó la que hasta ahora era la única mujer que había logrado hacer el doblete en 10.000 y 5.000 en unos Juegos.
"Si hubiese tenido más tiempo, habría conseguido mejores resultados", añadió la bicampeona de Beijing 2008, también a través de su traductor.
Al lado de las dos etíopes, Cheruiyot sólo pudo decir: "Estoy satisfecha. La primera parte fue muy rápida, pero después hice un buen tiempo. No me lamento de nada, di lo mejor de mí".
Como la mayoría de atletas: hasta seis batieron el récord de su país y 15 hicieron su mejor marca personal o la del año.
Y como Ayana que volando sobre el tartán del Estadio Olímpico de Río, en un día lluvioso y gris, dio el primer paso para igualar a la incomparable Dibaba y sus dos oros de Beijing.
Dejá tu comentario