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Sin embargo, el equipo argentino sigue en deuda en lo futbolístico. Ganó, pero hasta la fecha no convenció su funcionamiento, que a decir verdad estuvo muy lejos de ser el ideal. Sólo el gran desempeño del capitán, Javier Mascherano, quitando y creando situaciones favorables, la firmeza en el fondo de Gonzalo Rodríguez y Mauricio Romero y la capacidad goleadora y el oportunismo de Cavenaghi (que convirtió los dos goles), son las individualidades rescatables de los 110 minutos de juego que demandó para llegar al triunfo.
En el balance final se puede decir que Egipto exhibió un mejor funcionamiento colectivo, con algunas individualidades destacadas como los mediocampistas Ahned Fathi y Hosni Abad Rabo, el defensor Amir Azmy, el arquero Sherif Ejramy y el goleador Rida Metwaly. Además, los egipcios sorprendieron por el buen trato que le dieron a la pelota y por la habilidad de Rabo y la peligrosidad de los delanteros Metawly y Emad Motah, En los 15 minutos iniciales, el equipo africano llegó dos veces y en ambas respondió muy bien Mariano Barbosa.
Sin embargo, sobre los 27 minutos en una falta cometida a Herrera, Cavenaghi con un impecable remate a la izquierda del arquero, puso en ventaja al Sub-20.
Egipto no se derrumbó ni moral ni futbolísticamente y siguió haciendo su trabajo, buscando llegar al arco de Barbosa. Logró la merecida igualdad (a los 41 minutos) tras gran jugada personal de Rida Metawly, quien remató, Barbosa rechazó a medias y el propio delantero la empujó a la red.
Con los ingresos de Cángele por un intermitente Montillo y Colace por Carrusca, el técnico Hugo Tocalli intentó tener más presencia en el medio y potencia en ataque. Sin embargo -salvo cuando la pelota pasaba por los pies de Mascherano, la gran figura-, todo se diluía y entraba en la confusión y el desorden. En cambio, los africanos, de contraataque pudieron ponerse en ventaja, pero Barboza y la impericia de sus delanteros se lo impidieron.
Se llegó al suplementario y los primeros 15 minutos mostraron a un Sub-20 argentino algo más ambicioso, aunque sin producir jugadas claras para convertir. Hasta que a los 5 del segundo suplementario apareció Mascherano en toda su dimensión: eludió rivales para habilitar a Cavenaghi: remate y tras el rechazo del arquero se jugó desde el piso, enganchó la pelota sobre el arquero para convertir el ansiado «gol de oro», el que daba el triunfo y el pase a cuartos de final. Un triunfo que se puede decir que vale oro.
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