Terminó el campeonato mundial de fútbol de Alemania, lo ganó Italia -que ayer derrotó por penales a Francia tras 120 minutos de disputa empatados uno a uno- y el mundo vuelve a la normalidad.
Como demostración de fútbol predominó lo defensivo y eso restó belleza al juego. Tres partidos de definición -inclusive el último para campeonar- se dirimieron por penales a raíz de resultados magros en goles y donde predominaba la idea de que el que hacía el primero aguantaba y se llevaba el partido. La sensación que se vive en la Argentina es que se perdió una gran oportunidad de sumar un tercer mundial porque se tenía los mejores jugadores ofensivos para vulnerar tantas posturas defensivas en la cancha. Se aprovechó mal ese puñado de jugadores jóvenes brillantes de Argentina -los únicos que pudieron dar un resultado de 6 a 0- que, de ser bien conducidos, deberán brillar ante el próximo Mundial en Sudáfrica 2010. El seleccionado argentino es potencialmente de los más atractivos para los años que siguen cuando países como Brasil y la misma Francia despidieron a sus grandes figuras de la última década.
Italia lo único que hizo mejor que Francia fue patear los penales y por eso se llevó la Copa del Mundo, en un partido que le fue ampliamente desfavorable, pero que Francia no supo definir.
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El encuentro comenzó con mucho nervio y brusquedades. A los 4 minutos Thierry Henry quedó nocaut en el suelo después de chocar con Fabio Cannavaro, que le dejó el cuerpo para que se lastime (único error de Elizondo, que entendió que fue un choque casual); por suerte el francés pudo volver al campo dos minutos después.
Enseguida la jugada del penal, que convierte Zidane y Francia que se ponía en ventaja en la primera llegada, lo que obligaba a Italia a salir a buscar el empate.
Tácticamente los dos jugaban igual. Dos líneas de cuatro, un enlace para generar fútbol y un único delantero que tenía que chocar contra cuatro defensores. En esas condiciones era muy difícil crear situaciones claras de gol, pero Italia se las ingenió en un tiro de esquina para empatar con un cabezazo de Marco Materazzi, que superó en el salto a Patrick Vieira.
Después del gol, Italia tuvo sus mejores 15 minutos, en los que con centros y largos pelotazos inquietó a la defensa francesa. Hubo otro cabezazo de Materazzi que tapó Barthez y uno de Luca Toni que rebotó en el travesaño.
Francia, en esos minutos, no encontraba la pelota y la forma de conectarse con Zidane, que estaba muy estático y era bien marcado por Gattuso y Cannavaro, que se turnaban de acuerdo con la posición del francés.
Pero insólitamente para como se estaba desarrollando el partido, Italia retrasó sus líneas y le regaló la pelota al rival, posiblemente con la intención de contraatacar; hablamos de posible intención porque desde allí hasta el final de los 120 minutos prácticamente no creó una sola situación de gol.
Francia aprovechó la oportunidad, con la habilidad de Florent Malouda y Frank Ribéry y la potencia de Thierry Henry, que se las ingeniaba defendiendo la pelota con el cuerpo para complicar a toda la defensa italiana.
Los cambios de Marcello Lippi (Iaquinta y De Rossi por Perrota y Totti) agudizaron la situación, porque el técnico italiano dibujó en el campo dos líneas de cuatro defensivas, una a 15 metros de la otra, y separados por 40 metros dos delanteros esperando un pelotazo que los habilite.
Francia adelantó sus líneas y buscó atacar por los laterales con las subidas de Sagnol y Abidal, pero chocaban contra estos ocho jugadores que achicaban espacios y no dejaban pensar.
Hubo un extraordinario cabezazo de Zidane, tras centro de Henry que pudo definir el partido, pero Buffon lo sacó por arriba del travesaño en su atajada más lucida.
Faltando 4 minutos para terminar los 90, Lippi hizo ingresar a Alessandro del Piero por Camoranesi, sacando uno del «muro» defensivo para que organice los contraataques, pero el habilidoso jugador de Juventus poco pudo hacer, porque la pelota la monopolizaba Francia.
Se llegó a los 30 minutos suplementarios con Francia atacando y la selección italiana defendiendo esperando los penales, situación que no se modificó ni con la expulsión de Zidane, ya que Francia con 10 siguió atacando ante un Italia amarrete aferrado a su defensa, sin siquiera buscar un contraataque. Pero Italia se quedó con toda la gloria. Ganó la definición por penales por la precisión de sus ejecutores (Pirlo, Materazzi, De Rossi, Del Piero y Grosso) que no le dieron ninguna posibilidad a Barthez, y porque David Trezeguet hizo rebotar el suyo en el travesaño.
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