River vuelve de Venezuela con un híbrido empate en cero. Cometió muchos errores y complicó un partido ante un equipo como el Táchira, de escasas individualidades y pocas ideas.
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Más allá del resultado, de los penales no cobrados a Cavenaghi, de los errores conceptuales del árbitro, se debía ver el funcionamiento de esta versión de River. Si había alguna diferencia futbolística, tanto en lo táctico como en lo individual. En ese sentido, Astrada está en deuda.
A River le costó pararse de medio campo hacia arriba, tal vez con extrema predisposición primero por las imprecisiones y luego por jugar muchas pelotas en forma aérea. En verdad, cuando el balón circuló por el piso, estuvo lo mejor, aunque con las intermitencias estuvo en los pies de Lucho González, de Montenegro, Ferreyra y Coudet, cuando encontró espacios.
Táchira mostró que es un equipo de pocas luces, apresurado en el despeje y con alguna sutileza de Rondón y Beraza. Aunque supo aprovechar las falencias de River en el medio y ese reagrupamiento defensivo, donde, a decir verdad, los venezolanos tuvieron tantas situaciones favorables como las tuvo su oponente. Siempre con pelota quieta. Con la entrada de Sambuesa y Ludueña, River mejoró, pero no fue suficiente.
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