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Lo tuvo River de entrada por la capacidad de definición de sus jugadores que en dos jugadas muy rápidas ya habían marcado. Lo empató Colón, porque nunca abandonó el orden a pesar de estar perdiendo y porque siempre buscó de la mano de su «titiritero» Giovanni Hernández el espacio para atacar.
Lo terminó ganando River, porque cuando Colón salió a buscar el triunfo mostró toda su capacidad para contraatacar por los costados con la habilidad del debutante Carlos Diogo -el mejor de la cancha-y la velocidad de Zapata y Federico Domínguez, que a la postre convirtió el gol del triunfo.
Fue un partido que reivindica el fútbol bien jugado. Hubo para todos los gustos, desde los desbordes endiablados de Raúl Estévez por un lado y Gastón «Gata» Fernández por el otro hasta la calidad indiscutible de Giovanni Hernández y Marcelo Gallardo. Los dos planteles estuvieron a la altura de sus individualidades y aunque ganó River y perdió Colón, en realidad ganaron todos los espectadores que vieron un espectáculo en todo el sentido de la palabra.
River demostró que quiere pelear el campeonato y tiene con qué, mientras que Colón mostró una propuesta muy interesante. Cercana a la que tenía con Alfio Basile, pero con más velocidad y variantes ofensivas. Le faltó contundencia para definir, pero Costanzo trabajó tanto como Tombolini y los dos se ganaron muy bien su sueldo.
Fue un partido diferente a la mediocridad habitual. Algo que no es normal en nuestros días. Tal vez fue de lo mejor de este lanzamiento del Clausura. Algo para agradecer.
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