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Coritiba nunca fue mejor que Central. No lo fue ni cuando empataban y menos cuando ganaban por la mínima diferencia. Sucedió que Rosario Central se vio obligado a ir a torcer el resultado. Con el cansancio que presupone una seguidilla de partidos en la semana (entre los dos torneos), hacer correr la pelota, triangular, ganar espacios... un desgaste si se quiere no previsto, o por lo menos no deseable por Russo.
Los brasileños parecieron saberlo, porque se replegaron, esperaron sobre su propio terreno y esbozaron algunos tenues contraataques. Sin potencia ni eficacia. Tanto que crearon una sola situación propicia, y, cuando parecía que sellaban el resultado mínimo, llegó un centro, Acuña interpuso la pierna, y la pelota llegó a la red, cuando Aristizábal ponía su pierna. Fin del episodio.
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