Turquía ganó, pero debe esperar para saber si clasifica
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Turquía ganó y mantiene vivo el sueño de octavos.
Pero de todos, fue Emre Mor quien realmente dinamitó a su equipo. Con un descaro impropio de su edad, el jugador recientemente fichado por Borussia Dortmund aportó verticalidad, ideas, desborde y electricidad habilitado en ocasiones por Arda, que, aunque aún no está en su mejor momento, mostró alguna de sus genialidades.
En una de ellas dejó un buen pase en profundidad a Emre Mor, que desbordó por la derecha a Daniel Pudil y asistió con un buen centro a Burak Yilmaz. El delantero otomano no perdonó y abrió el marcador con un remate certero desde dentro del área. Corrían 10 minutos y se abría una pequeña puerta para el milagro.
Mientras, los checos, sin Tomas Rosicky lesionado para lo que resta de Eurocopa, creaban peligro a base de arranques esporádicos, con algo más de dominio de la pelota pero sin conseguir cercar a los turcos. El gol dejó tocado al equipo dirigido por Pavel Vrba, que tuvo que remar a contracorriente desde el principio y eso pudo influir en sus nervios.
Aún así, los checos dispusieron de tres claras ocasiones con un remate del defensor Tomas Sivok al palo, un disparo lejano de Jaroslav Plasil que salvó el arquero Volcan Babacan y un mano a mano de Pavel Kadebarek que terminó desactivando el uno turco.
Turquía inquietó en algún contragolpe y Volkan Sen tuvo el segundo en un disparo desde fuera del área que rozó el palo derecho del arco defendido por de Petr Cech. Fue la otra gran ocasión de la selcción otomana, que no hizo mucho más ante una mayoría del público a su favor muy apasionado. Al descanso, la mitad del trabajo estaba hecho.
La otra mitad la culminó en los siguientes 45 minutos, con un espíritu guerrero indomable con el que no pudieron los checos. Si Turquía hubiese jugado igual en los otros dos partidos, a lo mejor ahora estaría hablando de una posible clasificación asegurada.
Con esas ganas de seguir en la competición, los turcos fueron por más, con jugadas esporádicas de peligro y con un juego muy físico imposible de superar por su rival. Y, de nuevo, con Emre Can como el máximo peligro para los hombres que conduce Pavel Vrba.
El joven turco anticipó el segundo de su equipo con una oportunidad que mandó afuera después de un control estratosférico y una corrida de 20 metros que nadie pudo frenar. Fue el aviso al momento de éxtasis que protagonizó Terim, que poco después aparcó su tristeza del día anterior para correr como un loco por la banda con el gol de Ozan Tufan a 25 minutos del final.
Turquía, ya agotada por el esfuerzo, intentó un tercer gol, pero los kilómetros en las piernas de todos los jugadores pesaron demasiado. Al final, el 2-0 colocó a los turcos entre uno de los mejores cuatro terceros a la espera de los resultados de este miércoles. Los checos, que tenían todo en su mano para seguir, se fueron por la puerta de atrás.




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