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31 de marzo 2006 - 00:00

A lo financiero, le ganó lo físico

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Si bien el mercado electrónico parecería sugerir otra cosa (el NASDAQ trepó ayer 0,13%), la sensación que quedó al cierre es que la suba del miércoles no fue más que un "accidente" y que en el fondo poco y nada ha cambiado a lo largo de la semana. Así tenemos que el Promedio Industrial se desbarrancó 0,58% a 11.150,7 puntos, que el costo del dinero trepó a 4,855 por ciento en el caso de los bonos del Tesoro a 10 años y que el dólar retrocedió a 117,34 yenes y u$s 1,2155 por euro. La pregunta para hacerse en este caso es entonces: ¿Adónde fue el dinero, si acciones, bonos y monedas retrocedieron? Afortunadamente (o tal vez no tan afortunadamente) esta vez la respuesta es fácil: a los commodities. Mientras que el barril de petróleo saltó a u$s 67,15, el oro en u$s 588,3 por onza marcó el máximo desde enero de 1981 y la plata subió a u$s 11,66 por onza superando todas las marcas desde setiembre de 1983, el cobre, el zinc y el platino rompieron todas sus marcas históricas.

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Sin dudas que en parte la culpa de esta búsqueda de "activos duros" la tiene la depreciación de la moneda norteamericana, pero también pesa la cuestión inflacionaria. No por nada la tasa de los instrumentos indexados emitidos por el Tesoro (TIPS) se ha mantenido estable en torno a 2,51%, lo que si algo refleja es que el temor, más que temor a un deterioro de la situación económica, es temor a un recalentamiento puro y simple de los precios. Podría pensarse que "per se" este escenario no implica nada malo para las cotizantes, pero en la medida en que las tasas sigan creciendo, más difícil le resultará a las cotizantes seguir generando dividendos/ganancias que atraigan a los inversores.

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