7 de marzo 2002 - 00:00

Acero: comenzó la guerra de aranceles

Las reacciones al proteccionismo desatado por la administración Bush, al imponer aranceles a las importaciones de acero, no se hicieron esperar. Ayer México anunció subas en sus tarifas para importar, Chile impondrá salvaguardas y otros países de la Unión Europea actuarán en la misma línea. También Brasil, Canadá, Rusia, Venezuela y Japón estudian represalias comerciales.

«El desvío del comercio será unas 20 millones de toneladas.
Por eso hay que estar atentos (el gobierno) y actuar anticipadamente», sostuvo Daniel Novegil, director de Negociaciones Internacionales del grupo Techint.

•Peligro

Los analistas estiman que de las 38 millones de toneladas de acero que hoy importa Estados Unidos, más de la mitad ahora irá en busca de otros mercados. Este es el principal peligro del cierre del mercado americano al acero importado.

De todos modos no se espera una guerra de precios, porque se considera que están bajos a niveles históricos. Pero sí, existe consenso en que los principales países productores se defenderán con las mismas armas que Estados Unidos. Habrá subas de aranceles, hasta el máximo permitido por la OMC, es decir 35%. Se impondrán también cuotas para importar algunos productos y otras salvaguardas.

El Centro de Industriales Siderúrgicos aconsejó ayer que el gobierno (argentino) debería «subir transitoriamente los aranceles de importación hasta 35%, bajo el compromiso expreso de no trasladar a los precios dicha protección adicional, para preservar el mercado interno y evitar tomar medidas que puedan afectar al empleo».


Por su parte Jorge Campbell, exsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, resaltó el hecho de que Bush bajo el argumento del librecomercio no dudó en aplicar medidas proteccionistas dentro del marco de la OMC. «Lo cual no es incompatible, como muchos creen», agregó.

Tanto Novegil como Campbell destacaron la gestión del secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Martín Redrado, quien fue el artífice en la mesa bilateral con EE.UU. de que la Argentina fuera excluida de la suba de aranceles. Cabe recordar que Bush estableció por el término de 3 años subir los aranceles para importar acero hasta 30%.

Para el país, haber sido excluido significó por un lado ratificar la teoría de la sustentabilidad en términos de deuda y acceso a los mercados, del secretario del Tesoro, Paul O'Neill; toda una señal política. Pero también que hay industrias locales que son competitivas a nivel mundial. Lo cual abrirá las puertas a otros sectores, como los lácteos, los cítricos y la miel.

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