La economía argentina enfrenta el riesgo de combinar un crecimiento muy bajo con una inflación persistente, según advirtió Lorenzo Sigaut Gravina, economista de la consultora Equilibra. El analista también consideró probable que los datos del tercer trimestre confirmen una recesión técnica, tras la caída de la actividad registrada entre abril y junio.
Señaló que la expansión de la energía, la minería y la agroindustria convive con dificultades en sectores de mayor presencia en los centros urbanos, en diálogo con la agencia NA. Para 2026, la consultora estima un aumento del PIB de apenas 1,3%, sostenido por las actividades primarias.
De cara al próximo año, planteó una advertencia: “El mayor riesgo es volver a repetir un año de estanflación, con muy poco crecimiento y con una inflación que siga siendo elevada”. A ese panorama sumó la incertidumbre y la dolarización de carteras que suelen acompañar a las elecciones presidenciales.
El riesgo de estanflación y las dificultades para recuperar el crecimiento
Para Sigaut Gravina, una mejora de la economía en 2027 dependerá de que el crecimiento alcance a más sectores. Aunque prevé que la minería y la energía mantengan su expansión por los proyectos y las inversiones en marcha, puso en duda que ese impulso sea suficiente para reactivar al resto del entramado productivo.
La industria, el comercio y la construcción aparecen entre las actividades más afectadas, según su diagnóstico. En el caso de la construcción, consideró que se estabilizó en un nivel bajo. Para las otras dos, advirtió que podría persistir una leve caída si no mejoran los salarios reales, el empleo formal y el crédito.
El economista sostuvo que el aporte de las cosechas excepcionales comienza a diluirse, mientras que Vaca Muerta continúa como uno de los motores de la actividad.
Para lograr una recuperación más extendida, enumeró varias condiciones: frenar la pérdida de puestos formales, recuperar la inversión y el financiamiento, reducir la inflación y lograr que los salarios le ganen a los precios. También señaló que la inversión acumula cinco trimestres consecutivos de caída y que debe resolverse el problema de la mora crediticia.
El calendario electoral agrega otra dificultad. Según explicó, la incertidumbre puede postergar decisiones de inversión y aumentar la demanda de dólares, lo que complicaría la posibilidad de llegar a las presidenciales con una economía más dinámica.
La pérdida de empleo formal detrás del estancamiento
Sigaut Gravina puso el foco en la calidad del trabajo, además de la evolución de la tasa de desempleo. Según afirmó, desde el inicio del Gobierno se perdieron aproximadamente 250.000 puestos asalariados privados formales.
Explicó que la creación de otras ocupaciones evitó un salto del desempleo, pero sostuvo que buena parte de esos nuevos trabajos corresponde al cuentapropismo y la informalidad.
“Creo que el principal llamado de atención está en las variables reales”, expresó. En ese sentido, vinculó el deterioro laboral con el escaso dinamismo de la actividad y con la posibilidad de que se confirmen dos trimestres consecutivos de contracción.
También advirtió que los sectores que sostienen el crecimiento tienen una capacidad limitada para generar empleo formal y trasladar sus beneficios a los grandes centros urbanos.
Las críticas al dólar como ancla y a la apertura comercial
El analista reconoció el equilibrio de las cuentas públicas como uno de los principales aciertos del Gobierno, al considerar que aporta sostenibilidad al esquema económico. Sin embargo, cuestionó la combinación de apreciación cambiaria y apertura comercial.
“Creo que el Gobierno abusó del ancla cambiaria para bajar la inflación”, afirmó. Según su evaluación, el movimiento limitado del tipo de cambio oficial, junto con la eliminación de restricciones y la reducción de aranceles a las importaciones, incrementó la presión sobre la producción local.
En particular, expresó preocupación por la competencia de bienes chinos y sostuvo que esa combinación afecta a la industria, las economías regionales y el turismo.
Como alternativa, planteó evaluar una política fiscal o monetaria más expansiva frente a la debilidad de la demanda interna. También propuso analizar los costos y beneficios de un tipo de cambio menos apreciado: reconoció que podría acelerar los precios, pero consideró que daría margen a las actividades expuestas a la competencia externa.