10 de septiembre 2002 - 00:00

Aeropuertos quiere canon variable por los pasajeros

Bariloche (enviado especial) - «Lo que reclama el gobierno por cánones no pagados será motivo de decisión judicial: sobre eso no queremos seguir discutiendo. Si la Justicia dice que debemos 351 millones de pesos, los pagaremos. Pero queremos sentarnos a conversar con el gobierno cómo sigue la relación de acá para adelante».

Con el idílico fondo de una hostería en la montaña Ernesto Gutiérrez, presidente de Aeropuertos Argentina 2000 explicó extensamente la relación de la empresa de Eduardo Eurnekian con la administración de Eduardo Duhalde, pero también adelantó inversiones en Europa Oriental, la India y América latina en el negocio de la administración de terminales aeroportuarias. Adelantó que en 2002 facturarán $ 300 millones, contra los u$s 250 millones de 2001.

«Lo que pedimos en la renegociación es muy simple: un canon mínimo -$ 41 millones por año-y un porcentaje sobre la cantidad de pasajeros que pasen por los aeropuertos. El contrato original se hizo con una proyección de 27 millones de pasajeros; este año esperamos cerrar con apenas 11 millones. Pero todo el contrato está calculado en base a esos 27 millones, que no llegarán porque el país cambió, pero el mundo -después del 11 de setiembre-también»,
se encrespa Gutiérrez.

El ejecutivo explica que la suma mínima surge de dividir el canon original ($ 171 millones), previsto para 27 millones de usuarios, por los 11 millones que se espera será el piso histó-rico de la concesión.

También el plan de inversiones dependería del número de pasajeros, de prosperar el plan de AA 2000: «Mantendríamos el número de metros cuadrados por pasajero que convengamos. Podríamos utilizar, por caso, la norma 'D' de IATA, que corresponde a Orly o Francfort. O tener las pistas categoría 3, y que lo certifiquen IATA y la OACI. Todo esto costaría u$s 200.000 anuales. El ORSNA le sale al Estado u$s 30 millones por año...». Y como la tasa de retorno establecida en el pliego era de 18% anual, cualquier rentabilidad que supere esa cifra será para el Estado. «Ya se lo plan-teamos al gobierno, y nos dicen que les parece interesante, pero todavía no se definen», cuenta Gutiérrez.

En lo que hace a la ríspida relación que mantienen con las aerolíneas, propone que se reduzcan las tarifas que pagan para utilizar las terminales internacionales «30%, igual que pasó con las de cabotaje. Pero a cambio, que tomen el compromiso de pagar en tiempo y forma: muchas le retienen la tasa de embarque al pasajero, pero no nos la trasladan a nosotros». Gutiérrez promete que «de aceptarse estos puntos, volvemos a abonar el canon ya mismo».

En lo que hace al negocio, el ejecutivo dice que «desde hace dos meses estamos administrando el aeropuerto de Yerevan (capital de Armenia). Creemos que es un excelente negocio: invertimos u$s 12 millones y en unos tres años estaremos por encima del punto de equilibrio».

La «conexión armenia» es el primer paso de lo que aspiran sea una «cadena» de aeropuertos propios. «Con Bulgaria firmaremos una carta de intención de 20 de setiembre, para constituir una sociedad mixta en la que nuestro grupo tendrá 65% del capital y el gobierno búlgaro el restante 35%», adelanta Gutiérrez.

Cuando se refiere a «nuestro grupo» está hablando de un holding que integrará Eurnekian, sus socios en AA 2000 (la italiana
SEA), las estadounidenses Lockheed y MIT Research -desprendimiento de esa universidad-y Airways New Zeland, entre otros, sobre el que el empresario argentino tendrá el control. «La empresa se constituyó hace dos meses, y se llama AIA (American International Airports). AA 2000 no tiene nada que ver, porque por estatutos su única actividad permitida es administrar los 31 aeropuertos concesionados», aclara.

La flamante AIA está «mirando» los siguientes negocios, cuenta:

 
«En Rumania estamos reuniéndonos con el gobierno, y estamos cerca de firmar una carta de intención similar a la búlgara»;

 
«Haremos una primera visita a Croacia en setiembre»;

«Vinieron a vernos de Kiev (Ucrania), de Tibilisi (Georgia), de Kazajstán, de Eslovenia, del Líbano y de Túnez. Estamos estudiando todos esas posibilidades»
;

«Queremos también expandirnos en la región: Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Chile y Colombia. Brasil, en cambio, nos parece un mercado demasiado complicado».

La idea no es sólo ocuparse de la administración y operación de aeropuertos, sino «constituir zonas francas: en Armenia ya la tenemos y en Bulgaria lo contempla la carta de intención, destinada al mantenimiento de aviones», revela Gutiérrez.

La euforia que demuestra el ejecutivo al hablar de los proyectos de su corporación se ensombrece al explicar su ríspida relación con el gobierno.
«No pueden compararnos con otros grupos: nosotros llevamos pagados 85% de los cánones, y destinamos $ 1 millón mensual para mantener el ORSNA (el órgano de control del sistema aeroportuario). La Ley de Emergencia se dictó para renegociar tarifas, no cánones, y por eso quedamos excluidos y fuimos objeto de otra norma diferente.»

Según Gutiérrez, «lo que debemos equivale casi a lo que nos incumplió el gobierno. Pero no quiero hablar de eso: está en manos de la Justicia y nos avendremos a esa decisión. El ORSNA actuó judicialmente y el juez dictaminará cuánto debemos».

El ejecutivo dice que «en ningún lugar se habla de cuánto nos debe el gobierno: a la fecha hay 274 áreas en los aeropuertos que aún no nos han entregado».

Respecto de los cuestionamientos del organismo de control sobre las inversiones realizadas por AA 2000, el empresario se defiende: «Tomemos el caso Aeroparque: hace cuatro años se viene hablando si se va o se queda. A nosotros, particularmente, nos hubiera convenido que se cerrara y concentrar todo en Ezeiza, que hoy -por la situación global y la argentina-está subutilizado. Pero hasta tanto se decida, si no hubiéramos invertido en Aeroparque hoy habría colapsado. Lo mismo pasó con la pista principal de Ezeiza: nos cuestionan que pusimos u$s 20 millones, y si no lo hubiéramos hecho habría quedado inutilizada en dos años. Pusimos la plata donde pensamos que hacía más falta, y no donde decía el plan original, hecho con datos por lo menos dudosos. No nos cuestionan haber invertido de más, sino haberlo hecho en áreas distintas a lo previsto en los pliegos».

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