7 de mayo 2002 - 00:00

Ahora, reducen los límites de compra

La tarjeta de crédito, el último instrumento crediticio que va quedando en el país, se achica: muchos bancos comenzaron a recortar los límites de compra y financiación de sus clientes, y en algunos casos también incrementaron el monto de pago mínimo mensual. Estos clientes están siendo informados por su banco emisor de los nuevos límites a través de cartas; las misivas incluso advierten que la reducción de límites podrían producirse a intervalos inferiores a un mes, por lo que recomiendan a sus usuarios -en caso de que planeen realizar una compra importante- consultar primero al centro de atención al cliente para ver a cuánto asciende su límite a esa fecha.

Y si bien estas reducciones no son para toda la cartera ni tampoco aplicadas por la mayoría de las entidades, de mantenerse las actuales condiciones de la economía (y ni hablar si empeoran, como muchos prevén) esas limitaciones se irán generalizando.

¿Cuáles son las razones por las que un banco le recorta el límite a un cliente? Según fuentes consultadas por este diario, en estos momentos son básicamente tres en relación al usuario:

• Cuánto gasta:
si el cliente tiene un límite de $ 1.000, y su promedio de gasto mensual ronda los $ 250, no tiene sentido -en una coyuntura en que el dinero es un bien caro y escaso- mantenerle un límite muy por encima de sus necesidades.

• Cuánto la usa:
en la Argentina hubo un tiempo -no demasiado lejano- en el que los bancos emitieron decenas de miles de tarjetas «no solicitadas» (notablemente, las que acompañaron a los planes-sueldo cuando se empezó a percibir salarios a través de entidades financieras). Muchos de esos plásticos quedaron inactivos, por lo que -de nuevo- no se justificaría hoy conservarles límites artificialmente altos.

• Cómo paga:
si el cliente incrementó peligrosamente sus saldos impagos, aun cuando no haya entrado en mora, en la actualidad la entidad tiende a reducir ese riesgo crediticio por el sencillo expediente de decirle: «Desde hoy puede gastar 50% menos por mes». La posibilidad de que ese usuario efectivamente caiga en incumplimientos es menor, y si lo hace el perjuicio al banco también se achica.

En la Argentina hay unos 15 millones de plásticos, de los que al menos la mitad son adicionales; se estima que sólo 75% están activos (el resto duerme en las mesitas de luz o las billeteras).

«Además de lo que tiene que ver con los clientes, del lado de los bancos la tasa está relativamente barata: se está cobrando 40% a 45% mensual por financiación de saldos de compras con tarjeta, cuando -por caso- el Estado toma créditos a 95% mensual. Lo lógico es que traten de prestar lo menos posible a una tasa que podría ser hasta peligrosa si se dispara la inflación»
, dice una fuente del mercado. «O sea, puede pasar que un cliente tradicionalmente utilice la mitad de lo que tiene asignado, pero ante una explosión inflacionaria corra al supermercado y gaste hasta el límite; el costo lo pagará alguien, y podría ser la entidad emisora.»

Los bancos deben constituir un encaje para las líneas de crédito, que en el caso de las tarjetas es sobre el riesgo efectivo. En otras palabras: si el total de los límites de compra de una entidad es de $ 100, pero el uso promedio de sus clientes es de $ 50, el encaje es por esta cifra. Con la reducción de los límites, entonces, se busca el doble efecto de reducir el riesgo y el encaje.

También se está reduciendo la posibilidad de financiar saldos impagos: hasta hace algunos meses los clientes tardaban entre diez y 33 meses para liquidar sus compras (dependiendo de la entidad); hoy esos plazos se están estirando peligrosamente (para los bancos), y los emisores aumentan el pago mínimo mensual para volver a los promedios anteriores o incluso reducirlos.

Las entidades ya habían tomado otras medidas para tratar de minimizar los efectos del caos económico que vive el país; hasta antes del fin de la convertibilidad asumían el costo financiero de liquidarles los cupones a los comerciantes tres días después de producida la venta, y cobrarle al cliente recién a los 29 días. Eso se acabó desde principios de año: los plazos de pago a los comercios se estiraron, y hoy se cobra (al cliente) y paga (al comerciante) casi de manera simultánea.

Según pudo saber este diario, los recortes más importantes estarían produciéndose en las tarjetas
American Express y Diner's; la incidencia en las otras marcas -si bien existe- sería menor.

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