29 de julio 2004 - 00:00

Ahora tenemos empleo en negro y empleo "en gris"

Hay datos preocupantes de lo que está pasando con el trabajo en la Argentina y que son ignorados por el gobierno. De cada diez empleos que se crean, siete son en negro. Pero, además, muchos de los puestos en blanco, en realidad, son bajo una modalidad creciente: los contratos "en gris". Se define así a las personas que tienen una parte del salario registrada con todas sus cargas sociales y otra sin ningún comprobante, que recibe en efectivo. Lamentablemente, desde el Ministerio de Trabajo aún no se toma en cuenta que para combatir la informalidad se deben bajar, en primer lugar, los incentivos para estar en negro. Esto es, la enorme carga que hoy existe para contratar a una persona.

Siete de cada diez puestos de trabajo que se están creando están dentro de la economía informal, y muchos de los contratos celebrados «en blanco» lo son «en gris», es decir, con parte del salario registrado con todas sus cargas sociales, y otra liquidada sin ningún comprobante en efectivo. Si una persona es contratada «en negro», por cada cien pesos ($ 100) que el empleador paga, le cuesta cien pesos y el trabajador también recibe otros cien. En cambio, si el trabajador se encuentra registrado legalmente, por cada cien pesos ($ 100) de salario bruto el trabajador recibe ochenta (80) y al empleador le cuesta doscientos (200).

Es también un error pensar que quien cobra en la economía clandestina cobra menos o está más desprotegido. Por lo pronto, en muchos casos, se cobra entre 20% y 30% más que los trabajadores registrados. A su vez, mantienen el Plan de Jefas y Jefes de Hogar que les brinda $ 150 y asistencia médica (Plan Remediar y Servicios Médicos). En la industria de la construcción, se da la paradoja citada, en donde un oficial que trabaja en negro cobra hasta 40% más que el formal y sigue beneficiado con los planes asistenciales, ya que, para los registros de dichos planes, la persona sigue desocupada.

Operar en la economía clan-destina es un deporte nacional, que además, en parte, tiene malos ejemplos en el Estado, en el que existe un número indeterminado de empleados públicos disfrazados de personal contratado, sin dejar de contemplar a los «ñoquis» que no trabajan o que son prestanombres y ni siquiera cobran lo que se les liquida.

La economía clandestina es el mal más grave contra las reglas sanas del mercado y una fuente inagotable de iniquidades e injusticias, si consideramos a las empresas, profesionales y trabajadores que están dentro de la ley pagando todas sus obligaciones, que, según estimaciones confiables, constituyen menos de la mitad de la actividad económica del país.

• Megaplán

Si bien el Ministerio de Trabajo ha reformado la Ley 25.877 revalidando el papel del gobierno central en materia de control laboral, previsional y fiscal, lo cierto es que se necesita un megaplán que establezca cerrojos para cada actividad en donde se filtre una maniobra de evasión. Para ello, serían muy eficaces las siguientes medidas:

a) que todo el sistema de pago de salarios se bancarice, incluyendo el pago de cargas sociales e impuestos al trabajo, con la fecha de vencimiento que cada sujeto activo tiene ya asignada;

b) la bancarización debe incluir la eliminación de los recibos y registros laborales a cargo de los empleadores, pasando a utilizar, con la normativa adecuada, los sistemas contables y de regis-tración de los bancos (sistema de cuenta corriente y resúmenes, además del empleo de los cajeros electrónicos);

c) la declaración legal de la nulidad de los pagos realizados fuera del circuito bancario;


d) la lucha especial contra el trabajo bajo condiciones esclavizantes o de trabajo infantil prohibido;

e) que se cree un mecanismo de transición para salir de la economía clandestina y pasar a la regular, de un modo que no sea traumática y con costos desproporcionados, como lo es hoy;

f) por último, habrá que contar con un sistema que haga eficiente y sistemática la acción del poder de Policía laboral, previsional y fiscal en todos los ámbitos. La única contraindicación que existe en la lucha contra el trabajo clandestino es que las acciones deben realizarse dentro de un marco gradual, ya iniciado por las autoridades competentes, que no quiebre la actual tendencia, todavía positiva, de creación de nuevos puestos de trabajo. Recordemos, por último, que la mayoría de los nuevos empleos se genera en empresas de menos de cien trabajadores, y es allí donde se concentra la mayor evasión.

(*) Consultor laboral de empresas y entidades empresarias. Profesor titular de derecho del trabajo y seguridad social de la Facultad de Derecho, y de la Facultad de Ciencias Económicas de las carreras de grado y de posgrado de la Universidad Católica Argentina.

Dejá tu comentario

Te puede interesar