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15 de diciembre 2006 - 00:00

Air Madrid: siguen hablando del sábado

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El gobierno español parece decidido a «dar por muerta» a Air Madrid: ayer, funcionarios del Ministerio de Fomento se reunieron con los embajadores de los nueve países latinoamericanos a los que vuela la complicada aérea de bajo costo (entre ellos, obviamente, el argentino Carlos Bettini) para explicar la crisis terminal que afecta a la aerolínea. Los destinos a los que llega (al menos hasta mañana) Air Madrid son -además de Buenos Aires- Ecuador, Colombia, Chile, Panamá, Costa Rica, Brasil, México y Perú.

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En los últimos meses, Air Madrid viene sometiendo a sus pasajeros a múltiples problemas de retrasos en sus rutas, que llegan a los cinco días de demora para un vuelo Madrid-Buenos Aires.

La reunión fue convocada por la Cancillería española, pero el comunicado de Fomento les fue entregado a los diplomáticos por gente de la Dirección General de Aviación Civil. Allí se mencionaban -según la agencia «EFE»- las deficiencias detectadas en el funcionamiento de Air Madrid, que han motivado la apertura de un expediente por parte del Ministerio de Fomento.

Agrega que «de comprobarse que Air Madrid ha incumplido el plan de acciones correctivas en el que se comprometía a subsanar tales deficiencias, el ministerio acordará la suspensión de las operaciones». Se trata en realidad del mismo documento que se hizo público el martes último, en el que se les «avisaba» a los pasajeros que evalúen «la conveniencia o no de iniciar un viaje por Air Madrid cuyo regreso esté programado más allá del día 16», o sea mañana.

Por su parte, la aérea insiste en comunicados propios que titulan «Seguimos Volando», en los que acusa al aeropuerto de Barajas, tal como el miércoles su dueño José Luis Carrillo había imputado los inaceptables retrasos al hecho de que «nuestros pasajeros son en su gran mayoría latinoamericanos, y suelen viajar con mucho exceso de equipaje, lo que obliga a demorar los vuelos para cargar ese exceso y a veces a hacer paradas no previstas para cargar combustible», una declaración fronteriza con el racismo. El comunicado sigue en dudoso castellano y casi incomprensible sintaxis: «Pero que (sic) se quiere, que bajemos la productividad, la tendremos que bajar y así lo haremos un 20% el año que viene (a alguien le sanearemos las cuentas), (sic) derivará en más precios y menos costos de explotación».

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