¿Analízame?
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No hay libre flotación del dólar. El Presidente ordenó al Banco Central inter-venir en el mercado para bajar su valor de cotización a una franja entre $ 1,80 y $ 2,00 y, a pesar de la inversión que se realiza, el dólar no baja de $ 2,40/ $ 2,50.
El gobierno insiste en imponer las retenciones a la exportación de petróleo y sólo negocia la forma de recaudación o la tasa según los anticipos que los perjudicados ofrezcan. Adicionalmente se impusieron retenciones gravando las exportaciones al agro.
El Congreso Nacional aumentó su presupuesto de gastos para el año 2002 en relación con lo presupuestado para el año 2001.
Se firmó el acuerdo con las provincias (dentro del marco posible de la coyuntura), pero no parece que el mismo pueda resultar de factible cumplimiento. De hecho, los gobernadores ya hablan de emisiones de bonos por encima del límite del acuerdo, y ni siquiera piensan en que puedan rescatarse con emisión los 19 tipos de moneda que circulan actualmente en el país (más de 4.000 millones).
Respecto de los acreedores externos, el ministro de Economía sólo les mandó una carta.
En cuanto a la independencia del Poder Judicial y la seguridad jurídica, el gobierno cambia todos los días las reglas de juego en cuanto a créditos, débitos, pagos, contratos, derechos, etc., y promovió la iniciación de un juicio político a la Corte para reemplazarla, en un intento de conformar un nuevo tribunal con miembros adeptos en una suerte de pacto de Olivos IV (el III fue el que le permitió a Duhalde el acceso a la Presidencia). Ya circulan públicamente los nombres de los candidatos (operadores), sus currículum, los orígenes y las lealtades prometidas.
Con este escenario arribó a la Argentina la misión del FMI encabezada por Anoop Singh con el objeto de analizar la situación y verificar el comportamiento del gobierno y de la economía. A cada inquietud por él presentada, en relación con las condiciones señaladas hace un mes para que se pueda prestar la ayuda y a las tareas y promesas no cumplidas, el presidente Duhalde y sus voceros le responden: «Es una decisión política...». Ocurrió en todos los temas: (i) flotación sucia del dólar; (ii) mantenimiento de la modificación a la Ley de Quiebras; (iii) mantenimiento del presupuesto sin realismo; (iv) mantenimiento de las monedas sustitutas provinciales, entre otros. Ello para no referirnos a otros elementos adicionales como esa suerte de infantil tentativa de extorsión política según la cual «si no nos ayudan serán ustedes los responsables de la crisis institucional de este país». Los consejeros ansían (ingenuamente) que el FMI también tome «decisiones políticas». ¿Habrán leído algo sobre Indonesia?
El jefe de Operaciones Especiales del Fondo Monetario Internacional posee esa delicada precisión y serenidad que hicieron famosos a los programadores de computación de origen indio que provocaron, y aún provocan, furor en Silicon Valley convirtiéndose en los más buscados por la realización de un trabajo creativo, sereno, técnico y exacto. No será una arenga de barricada ni un «apriete» político lo que le harán cambiar su visión, ni la de su equipo técnico de apoyo, respecto de lo que Argentina necesita.
Si el Presidente quiere efectivamente la ayuda del Fondo en tiempo útil, o si considera a la misma fundamental para que el país tenga un proyecto viable, sin duda deberá reflexionar y cambiar de actitud. Ello implica también abandonar esa utópica creencia de que todo lo que él dice o declara se hace realidad al verbalizarse como si estuviéramos en un mundo de fantasías: la reactivación comenzará el día que él señale, el valor del dólar será el que él desea, y el mercado, los países del mundo y las instituciones de crédito internacionales harán lo que él pretende; más allá de lo que haga el gobierno; y todo por temor a lo que pueda ocurrir. ¿Analízame?




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