"No puede ser cierto" -diría algún operador, que se hubiera ausentando tras la rueda del lunes- y fue demasiado cambio, como para situarlo en términos comunes. El mercado vio otra tormenta vendedora desatada de modo devastador, que dejó a su paso un Merval irreconocible: ahora, ya teniendo que luchar por no descender del piso de los «1.600» puntos, cuando tres ruedas atrás se floreó cómodamente por encima de los «1.700». Y casi estuvo a punto de quebrar toda trinchera, porque el mínimo de la rueda se estableció en solamente «1.608», a un soplo de perforar ese terreno que parecía ser cuestión del pasado. El máximo de la fecha había estado en los «1.654» puntos, dejando una fugaz expectativa de comenzar a generar un rebote: que nunca pudo cristalizar. Finalmente, un indicador en «1.621» y que deparó porcentual de caída de más de 1,5%. Como para un acumulado, de martes a jueves, camino de 7% de desmejora. El contexto tampoco le era propicio, la tormenta visitó también al Bovespa -con más de un caótico 3% de baja- y un Dow Jones que no sale del signo adverso. No se pudo verificar que los vendedores se llamaran a sosiego, por lo que resultó totalmente insuficiente un monto de absorción de generosas proporciones. Fueron $ 125 millones de efectivo, en acciones, que se vieron saturados por oferta y debieron desagiar otra vez: por vía de los precios. El «ojo» del huracán está, de modo inequívoco, en las componentes del BURCAP que viene cediendo en porcentual al doble de marcha que el Merval. Ayer, más de 3% de derrape en esa corta lista de las «grandes» y de sedes foráneas, pero que también impregnan al listado popular. La merma de Tenaris, superior a 5%, fue veneno puro en todas direcciones.
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