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Un ejemplo con valores promedio es bastante elocuente al respecto. Para un crédito hipotecario de u$s 110.000 sacado en enero de 1996 a un plazo de diez años y una tasa de interés de 10,50 por ciento anual, la cuota correspondiente pasa a u$s 1.219,78.
Claro que si se aplica el nivel de $ 1,40, el pago mensual asciende a $ 1.707, es decir 10 por ciento más de lo que se venía pagando.
El detalle es que la cuota continúa siendo más alta aún con una fuerte reducción de las tasas y una extensión del plazo. Es decir que el deudor se encuentra con un crédito que no podrá cancelar en cuatro años, sino en cinco. Y encima debe pagar en las cuotas que le restan con un aumento cercano a 10 por ciento en moneda local.
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