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La constante amenaza de nuevos ataques terroristas, sumada al temor a los fraudes empresarios y a una latente guerra entre los Estados Unidos e Irak fueron los principales factores que arrastraron a las acciones de las grandes empresas al lado perdedor.
«Ha sido el año más difícil que yo recuerde y estoy en esto desde hace 20 años», sintetizó Leo Grohowski, jefe de inversión del Deustche Bank en Nueva York en declaraciones a la agencia «Bloomberg».
En Estados Unidos, la leve recuperación que registró la economía en el cuarto trimestre del año no logró evitar que los índices terminaran en rojo.
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