1 de julio 2004 - 00:00

Bancos redactan código propio de buenas prácticas

Los bancos tendrán su propio Código de Buenas Prácticas, en plena etapa de redacción y que -se esperaestaría listo dentro de tres meses. El contenido del mismo ya está siendo discutido entre las distintas asociaciones bancarias con el Banco Central y la Secretaría de Defensa de la Competencia.

Este tema fue el principal debate del encuentro que mantuvieron los representantes de la Asociación de Bancos de Capital Privado de la Argentina (ADEBA) en Bariloche, en el marco del tercer encuentro regional. «Este nuevo código será una autorregulación, pero también habrá injerencia de distintos organismos públicos. La idea es que la gente tenga a su disposición la información de manera transparente sobre cada uno de los productos que ofrecen los bancos», explicó un alto ejecutivo de ADEBA.

• Modelo

Por sugerencia del propio titular del BCRA, Alfonso Prat-Gay, el código que se tomará como «modelo» para implementar en la Argentina es el que se utiliza en Inglaterra. El tema ya comenzó a ser debatido incluso con las distintas asociaciones de defensa del consumidor, que participaron en seminarios organizados por la banca para debatir el contenido. La intención es abrir dentro del código un capítulo para cada uno de los productos que están ofreciendo los bancos, pasando por cada una de las líneas de préstamos (prendarios, hipotecarios, personales, leasing, etc.) como también en lo que respecta a la captación de depósitos.

Uno de los temas que está generando mayor controversia pasa por las penalidades que se aplicarán a los bancos y a los funcionarios de los mismos que incumplan con las reglas. El problema es que no está demasiado claro quién estaría a cargo de imponer las multas correspondientes o simplemente de establecer cuándo se violaron determinadas reglas. Se establecerá claramente cuáles deben ser los contenidos de los distintos contratos que se firmen con los bancos con la intención de evitar sorpresas.

La iniciativa, que surgió en órbitas oficiales pero fue rápidamente aceptada por los banqueros, surgió como un paso más para acercar a las entidades al público, tras el enorme deterioro ocurrido tras el «corralito» de fines de 2001 y posterior pesificación de los depósitos en 2002.

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