Curat: "Es clave garantizar estabilidad a los argendólares"

Economía

Aconseja cuidar los depósitos en dólares porque fortalecen las reservas y el crédito a los exportadores. Tras la cuarentena -dice- el BCRA debe ser inteligente en cómo incentiva financiamiento productivo.

El economista Pablo Curat integró la cúpula del BCRA en dos momentos relevantes de la historia contemporánea (2002-03 y 2016-19), de ahí que su opinión sobre la coyuntura resulte interesante, sobre todo por lo que se presume viene después de la pandemia. A continuación, lo más relevante de la entrevista que mantuvo con este diario.

Periodista: ¿Qué opina del manejo de la política cambiaria y el de las reservas?

Pablo Curat: Con un tipo de cambio administrado por el BCRA y control de cambios la brecha es un dato clave. Si, como sucede hoy, supera el 60% es insostenible para las reservas ya que los importadores adelantan pagos para cubrir su negocio, las personas atesoran los u$s200 mensuales permitidos y los exportadores atrasan la liquidación de divisas. La apuesta del Gobierno es que con el canje de la deuda se despeje el horizonte de pagos, se fortalezcan las reservas y bajen los dólares alternativos. Si no es así la devaluación del tipo de cambio oficial será inevitable y no esperarán para hacerlo a que llegue el año electoral. Las señales de desdolarización tampoco ayudan a que se mantengan los depósitos en dólares y las reservas también se pierden por ahí, hay que garantizar la estabilidad de los depósitos en dólares que son un instrumento clave para fortalecer las reservas y para financiar nuestras exportaciones.

P.: ¿No es ilusorio apostar a que por un acuerdo con los bonistas volverá el financiamiento externo, eso no ocurrió en el canje de 2005 y había otras cajas que ya no están?

P.C.: Depende cuán exitoso sea el canje. En primer lugar dará lugar a más financiamiento de organismos internacionales, que se vería seriamente limitado si la Argentina entra en default. También el financiamiento para empresas y para proyectos públicos nacionales o provinciales financiados por agencias internacionales u otros gobiernos.

P.: ¿Cómo evalúa el andar de la política monetaria?

P.C.: Está dominada por la falta de acceso del Gobierno al mercado voluntario y por la crisis del coronavirus. Hasta mayo la asistencia al Tesoro ya implica 3% del PBI y va a tener un piso del 6% en el año, sumando los Adelantos Transitorios y el giro de las utilidades contables del BCRA de 2019. La base monetaria crece a un ritmo del 60% anual y la demanda de dinero medida, como M2 privado, al 100% anual, básicamente por la mayor demanda de circulante y de dinero en cuentas a la vista.

P.: ¿Cuándo se normalice la economía cómo esterilizaría el financiamiento al Tesoro?

P.C.: En mi opinión la prioridad del Gobierno no será la inflación sino que seguirá siendo la actividad económica. En el tercer trimestre van a estar más claros los daños económicos provocados por la pandemia. Se habrán perdido más de un millón de empleos, la pobreza puede alcanzar al 50% de la población, entre 70.000 y 100.000 empresas estarán concursadas o camino a la quiebra y el año terminará con una caída del PBI del orden del 12%. No veo al Gobierno con una política económica y monetaria centrada en la inflación sino en -como dijo el ministro Guzmán- proteger las capacidades productivas de la economía, cuidar a las empresas, a su know-how y a sus empleados.

P.: ¿Ve riesgos de hiperinflación?

P.C.: La inflación la estimamos cercana al 40% anual, con una devaluación del tipo de cambio y tasa de interés en el orden del 2,5%-3% mensual, más congelamiento de tarifas, suspensión de la movilidad jubilatoria y de las paritarias, y precios máximos en productos esenciales. La pandemia está provocando de hecho una fuerte reducción del ritmo de indexación de la economía en los sectores más golpeados.

P.: ¿Pero no está soslayando el desafío de que la demanda de dinero retroceda?

P.C.: El comportamiento de la demanda de dinero es lo más difícil de predecir. En el tercer trimestre un arreglo de la deuda externa debería destrabar el ingreso de financiamiento externo y provocar un aumento de la demanda de dinero. Ahora, si por cualquier motivo interno o shock externo se produjera una fuerte caída de la demanda de dinero siempre está la posibilidad de que el BCRA absorba pesos vía mayores encajes, esterilizar pesos con mayores tasas de Pases, Leliq o Nobac a más largo plazo. Los instrumentos para contraer la oferta de dinero son varios y están siempre disponibles para que el BCRA los utilice cuando lo estime conveniente, pero por ahora la catástrofe está en el sector real no en la inflación.

P.: ¿No le preocupa el déficit cuasifiscal?

P.C.: Las utilidades del BCRA fueron de $1,6 billones en 2019 y de $0,6 billones en 2018. No recuerdo cuándo fue el último año que el BCRA tuvo pérdidas, tendría que ver los balances históricos.

P.: ¿Cómo impactará todo este contexto en la morosidad de los préstamos?

P.C.: En 2020 esperamos una caída del PBI del orden del 12%, inflación del 40% y las paritarias están suspendidas por lo que la caída del salario real será fuerte. La última vez que vivimos un escenario parecido a este fue en 2002 y ese año la irregularidad de los créditos bancarios alcanzó el 35% en préstamos a empresas y el 25% en créditos de consumo. La prioridad de la política económica en este contexto tiene que estar en la recuperación del sector real como lo fue en 2002-2003, de lo contrario la sustentabilidad fiscal y la estabilidad financiera son inviables.

P.: Usted que fue un testigo privilegiado de esa crisis (fue asesor de Prat Gay en 2002-03) ¿puede explicar cómo actuó el BCRA en ese entonces?

P.C.: Ese año el BCRA, con un fuerte trabajo conjunto con las asociaciones de bancos y con el acompañamiento del FMI, se armó un marco regulatorio para canalizar la liquidez del sistema financiero hacia el crédito productivo. La crisis de la convertibilidad había provocado cortes en la cadena de pagos en muchísimos sectores. Entonces la política monetaria y la regulación bancaria fueron fuertemente anticíclicas y apuntaron a promover el crédito a las pymes facilitando las refinanciaciones, suspendiendo temporalmente las calificaciones crediticias, evitando el efecto arrastre de las malas calificaciones entre bancos, separando el stock del nuevo flujo de préstamos y facilitando el crédito adicional a deudores morosos. Hoy también el desafío es cómo hacer para que el crédito llegue a los sectores y empresas castigados por la pandemia. Si la liquidez bancaria no va al crédito la solvencia del sistema bancario y la sustentabilidad fiscal se verán muy afectadas. Hay que promover regulatoriamente y de manera inteligente el crédito productivo, no “a los palazos”, y acompañarlo por una fuerte reducción en los tiempos y costos de los concursos de acreedores. El BCRA y el Poder Judicial tienen que favorecer la reestructuración de deudas y facilitar el nuevo crédito a aquellas empresas que se vieron afectadas por una crisis de la que no son culpables y que tienen vocación y capacidad de seguir adelante. Los empresarios, en especial los pymes, que puedan seguir reemplazarán a los médicos y serán los nuevos héroes poscoronavirus.

P.: Fue director del BCRA durante la gestión de Sturzenegger, ¿qué lecciones sacó de lo acontecido y podría explicar principales errores y aciertos?

P.C.: Todos mis acuerdos y mis diferencias fueron manifestados oportunamente en el directorio. En mi opinión el BCRA se enriquece cuando su presidente no tiene mayoría automática de votos en el directorio y cuando este se integra con personas con distintos orígenes, experiencias y visiones. Dicho esto, mis dos principales diferencias con Sturzenegger fueron, por un lado, que la definición de la política monetaria y cambiaria es quizás la atribución más importante que la Carta Orgánica reserva al directorio y por tanto es una facultad que no puede ser ejercida por un comité formado por algunos directores y gerentes; y en segundo término, en una economía bimonetaria las normas cambiarias y del comercio exterior no pueden ser las mismas que en economías que tiene una moneda fuerte y estable. Comprar y vender dólares en nuestro país no es lo mismo que comprar y vender dólares en Suiza. Las fluctuaciones violentas del dólar tienen fuertes impactos políticos, económicos y sociales. El “miedo a flotar” de (Guillermo) Calvo acá es pánico y eso es un dato que el banco central no puede subestimar.

Entrevista de Jorge G. Herrera

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