20 de agosto 2004 - 00:00

Bielsa y Lavagna, dos tácticas para la deuda

Rafael Bielsa cree haber encontrado el punto débil del Grupo de los Siete, integrado por los países más ricos del planeta y que tiene congelada la aprobación del programa argentino en el Fondo Monetario en su tercera revisión. Bielsa, según dejó trascender delante de íntimos, descubrió que no era imposible convertir a Franco Frotan, el ministro de Asuntos Exteriores de Italia, en un entusiasta abogado de la Argentina ante el resto de esos países poderosos. «Frattini entendió la posición de nuestro país y, además, tiene parientes en Buenos Aires. Nos tiene mucho cariño», especula el canciller.

Sus argumentos son más que discutibles. No sólo porque Italia es el país en el que más peso político adquirieron los bonistas afectados por el default argentino. A un punto tal que ni Néstor Kirchner ni su esposa Cristina pudieron cumplir todavía con invitaciones que les formularon desde Roma (la primera dama se perdió una presentación estelar organizada para la izquierda internacional por el ex comunista Piero Fasino).

Hay otra razón, más elemental, para sospechar de la estrategia italiana de Bielsa frente al Fondo y el G-7: ya Frattini, con su reconocida cordialidad, había convencido a Carlos Ruckauf de que Italia haría un aporte contante y sonante para el país durante la gestión de Eduardo Duhalde. Bastó que el antecesor de Bielsa viajara a Roma para hablar con el ministro de Finanzas (en aquel momento, Giulio Tremonti) para advertir que los parientes argentinos de Frattini llevan a ese ministro a estados emocionales que no se corresponden siempre con la generosidad del Tesoro italiano.

• Estrategia

Hay una razón más contundente todavía para advertir que los pasos que piensa dar Bielsa terminarán bien cerca. Es la estrategia de Roberto Lavagna. El ministro de Economía, que almorzó a solas con Guillermo Nielsen en el Yacht Club Argentino el miércoles de la semana pasada para repasar toda la estrategia internacional de su cartera, llegó a la conclusión de que debían suspenderse las agresiones al Fondo Monetario. Ahora que Rodrigo Rato está por llegar a Buenos Aires, ese interés se reforzó.

A cambio, explica Lavagna, convendría enfocarlos cañones en contra de Italia y presentar a ese país como el principal obstáculo para que el Fondo Monetario convalide la oferta de reestructuración de deuda de la Argentina. El razonamiento del titular del Palacio de Hacienda consiste en poner como culpables de la defraudación que denuncian los bonistas italianos no al Estado argentino sino a los bancos de la península, que traicionaron la confianza de sus clientes aconsejando un negocio tan inseguro como el que ofrecía la Argentina con una tasa sideral de retorno para la inversión en títulos públicos. Como Bielsa, también Lavagna quiere quebrar al G-7, pero con la estrategia opuesta: en Economía convertirán en acusado a quien para Cancillería debería ser el abogado defensor. ¿No convendría que Kirchner comience a hacer reuniones de gabinete?

En la estrategia negociadoradel gobierno en relación con la deuda comienzan a aparecer iniciativas extrañas, muy poco convencionales. La suspensión de negociaciones por parte del Fondo no estaba en los cálculos de Lavagna (ni, por lo tanto, de Kirchner). Por esa razón, el ministro busca a otro contradictor, que le permita abuenar sus relaciones con Rato. El ex ministro de Finanzas de José María Aznar mantiene con él una relación enojosa desde que eran colegas. Además, Rato se siente una víctima personal de la Argentina: aportó una suma considerable al blindaje de José Luis Machinea (en su momento se habló de u$s 1.500 millones de dólares, pero el monto habría sido de u$s 2.000) que ahora se negocia en el Club de París, en paralelo con la deuda en manos de tenedores de bonos privados y con la misma lentitud y buena voluntad.

Lavagna necesita que el titular del Fondo se sobreponga a estas contradicciones emocionales y haga un aporte a la aceptabilidad de la propuesta de reestructuración de deuda que la Argentina realizará a partir del mes que viene. Esa contribución es una declaración favorable a la oferta, aunque sea verbal, que disuada a los bonistas de esperar a un futuro ofrecimiento que, a instancias del Fondo, sería más generoso.

Hasta ahora parecía difícil que Rato quisiera formular esa bendición. Es que si viene a la Argentina es para no provocar un desaire final: había planificado un viaje a Brasil y Chile, al que por una gestión especial agregó después Uruguay. A regañadientes, aceptó una escala en Buenos Aires para no declarar la guerra final con su ausencia.

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