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Para evitar que los efectos de la crisis financiera rusa perjudicaran la reestructuración económica brasileña, el Gobierno negoció un acuerdo con el FMI que le permitió tener acceso a un crédito por 41.500 millones de dólares.
En 1999, cuando lanzó su política de metas inflacionarias, el Gobierno se comprometió a cerrar ese año con una inflación del 8%, el 2000 con el 6% y el 2001 con el 4%.
Las metas apenas permitían una franja de tolerancia de dos puntos porcentuales hacia arriba o hacia abajo.
La inflación brasileña de 1999 fue del 8,94%, por lo que el índice quedó dentro de la franja de tolerancia. La inflación del 2000 bajó al 5,97%, 0,03 puntos porcentuales por debajo de la meta de 6% prevista.
La carta en la que Fraga justifica el incumplimiento de la meta inflacionaria para el 2001 impuesta por el Gobierno es una exigencia prevista en el acuerdo que Brasil firmó en 1999 con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Al renegociar dicho acuerdo en septiembre del año pasado, sin embargo, el Gobierno aumentó al 7,8% la meta de inflación para el 2001 acordada con el organismo multilateral.
Según portavoces del Banco Central, si la inflación hubiese superado ese 7,8%, el país habría sido obligado a explicar formalmente al FMI los motivos del incumplimiento y a solicitar a la institución un "waver" (perdón).
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