6 de febrero 2001 - 00:00

Brasil sabotea ingreso de la Argentina y Chile al ALCA

La posición que los países sudamericanos sostendrán en bloque ante la posible concreción de una futura Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) parecía ayer más que confusa. Mientras desde los gobiernos de la Argentina y Chile se coincidía en que es posible adelantar los tiempos y concretar el acuerdo continental antes de 2005, como está actualmente estipulado, Brasil amenazó con retirarse del proyecto por el conflicto comercial que mantiene con Canadá. Esta diferencia de posiciones no es gratuita. En abril los presidentes de los países americanos deben concurrir a Quebeq a la próxima cumbre de jefes de Estado del continente, donde se debe definir el contenido y la fecha en que el ALCA comenzará a regir.

Las declaraciones sobre este punto comenzaron ayer por la mañana, cuando el ministro de Economía argentino, José Luis Machinea
, dijo que el gobierno de Fernando de la Rúa está dispuesto a adelantar las negociaciones y que la fecha podría ser a comienzos de 2004. «Nosotros estamos de acuerdo con eso», fue la frase con que Machinea y el secretario argentino de Finanzas, Daniel Marx, respondieron desde Washington a las preguntas de los periodistas sobre la posibilidad de adelantar las fechas de negociaciones en el ALCA. El ministro y su secretario hablaron luego de haberse encontrado con el nuevo secretario del Tesoro norteamericano, Paul O'Neill, en el primer encuentro de ambos funcionarios luego de la asunción de George W. Bush. Luego del ministro de Economía, fue el canciller argentino, Adalberto Rodríguez Giavarini, el que se refirió al tema, después de haberse reunido con el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell. Rodríguez, que ya había declarado en noviembre del año pasado que su intención es adelantar la formación del ALCA, dijo ayer a los periodistas en Washington que la Argentina «es un país comprometido con el libre comercio».

Subsidios agrícolas

Como único reclamo para que eso ocurra enfatizó que dentro del menú de negociaciones se debe incluir la discusión por los subsidios agrícolas en los Estados Unidos. Giavarini dijo, además, que la llegada de Bush y el Partido Republicano a la Casa Blanca ha aumentado las expectativas de un renovado liderazgo de Estados Unidos en ese campo, y calificó de «alentadora» la decisión de Bush de buscar la autorización «fast track» para negociar nuevos acuerdos comerciales.

También Chile habló sobre la posibilidad de adelantar la firma de un acuerdo de libre comercio en el marco del ALCA. Ayer fue el propio presidente Ricardo Lagos
el que confirmó esta posición, incluso asegurando que la posibilidad podría darse incluso un año antes que la fecha de 2004 propuesta por la Argentina. Chile inició en enero negociaciones bilaterales con Estados Unidos y sería el primer país en concretar un acuerdo de libre comercio con el gobierno de George Bush si éste consigue que el Congreso norteamericano apruebe el demorado proyecto de «fast track».

Una posición diametralmente opuesta a la de la Argentina y Chile lanzó ayer el gobierno brasileño de Fernando Henrique Cardoso, enojado por los conflictos comerciales que ese país vive particularmente con Canadá.
Como este Estado prohibió oficialmente el viernes pasado el ingreso de carne brasileña a su territorio por no tener garantías absolutas en contra de la «vaca loca», ayer desde Brasil vino una amenaza oficial concreta. El vocero fue el flamante ministro de Relaciones Exteriores, Celso Lafer, que directamente declaró que Brasil puede suspender por tiempo indefinido la firma del tratado de libre comercio a nivel continental porque «no respalda la constitución en un escenario como éste, en el que discrepancias bilaterales amenazan con reproducirse en la multilateralidad».

Como para refirmar cuál es la posición brasileña ante la crisis, Lafer aseguró que «los asuntos no resueltos en la OMC y otras instancias multilaterales bien podrían hacernos pensar en que (los estadounidenses) desean arrastrarlos en el ALCA».

El embajador brasileño en Canadá, Sergio Narcho, sostuvo categóricamente que ese país «simplemente quiere recuperar el monopolio que tenía en el sector aeronáutico y está creando un clima de desconfianza que repercutirá en el ALCA».

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