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27 de marzo 2007 - 00:00

Cambalache: da lo mismo un burro que...

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Hacía cinco ruedas que el Dow no cerraba en baja. Y cuando lo hizo ayer, fue un retroceso de apenas 0,1% (quedó en 12.469,07 puntos) que prácticamente se compensaba con el 0,1% que ganó el S&P500 y se neutralizaba con la suba de 0,27% que experimentó el NASDAQ. Sin embargo, cuesta pensar que la de ayer fue una rueda positiva, cuando por cada siete papeles en suba tuvimos ocho bajas (en el NYSE).

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El motivo del desánimo fue claro. A las 10 de la mañana los pésimos números del sector inmobiliario -pésimos, por más excusas que se busquen- tomaron desprevenidos a quienes confiaban que la inercia de la semana pasada (la "mejor" semana bursátil en cuatro años) bastaría para continuar impulsando el precio de las acciones, llevando a que los tres principales indicadores accionarios rozaran los mínimos del día en apenas minutos.

  • Petróleo

  • Por si esto fuera poco, la suba del petróleo, que por primera vez en el año rompía la línea de u$s 63 por barril (cerró 9 centavos debajo de la misma), agregaba otro elemento de desánimo, mientras el anuncio de que el Citigroup se deshará de 1 de cada 20 de sus actuales empleados no hacía sino empeorar las cosas. Con tanta mala nueva, parece lógico preguntarse ¿cómo es que el mercado cerró neutro? (En realidad desde el miércoles pasado que casi no se mueve). La respuesta podría ser simple.

    Para analizar lo que ocurra de aquí al viernes hay que tener en cuenta que el cierre del trimestre conlleva el clásico "window dressing" (muchos inversores institucionales venden papeles perdedores y adquieren ganadores, para que sus carteras luzcan mejor ante sus clientes) que de alguna manera altera lo que sería el desenvolvimiento normal del mercado.

    Es cierto que esto (el "window dressing") sirve como excusa para intentar explicar lo inexplicable. Pero en la medida en que "la realidad" y "el mercado" anden por vías separadas, ella es lo que mejor los vincula.

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