La provincia de Buenos Aires va camino a completar en forma exitosa la salida del default. Es una operación financiera por u$s 2.900 millones que en realidad trepa a u$s 3.130 millones con los intereses que se reconocen. Superará largamente -si se mantienen las condiciones de los mercados internacionales- 74% de aceptación que logró la del gobierno nacional. Se lanzará a principios de noviembre formalmente para cerrar antes de que culmine el año. Está claro que se trata de una operación menos compleja que la de la Nación: son 16 bonos en default a reestructurar y en menos jurisdicciones.
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Pero hay muchos pequeños bonistas en Italia que no sólo tenían papeles argentinos en cesación de pagos, sino también compraron los de la provincia de Buenos Aires. A ellos también se deberá convencer de los beneficios de esta propuesta. Pero el gobernador Solá y su equipo encararon acertadamente -mejor de lo que lo hicieron Roberto Lavagna y el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen- las presentaciones. Se dialogó ya con los principales tenedores y hasta con fondos buitre. Se hizo un menú de nuevos bonos acorde con las necesidades de cada acreedor.
La quita es levemente menor a la de la Nación y de 60%. Y ello pese a que Buenos Aires no tiene -y tampoco tuvo en su historia- un superávit fiscal para mostrar. Contrataron al Citigroup para que lidere la transacción. Los mercados, como siempre, se anticipan: ayer en Nueva York hubo fuertes compras sobre los bonos bonaerenses que están en default. Apostaron a que va a ser negocio adquirir esos papeles, ingresar al canje y luego venderlos a precio elevado. Los que siguieron esa estrategia con la propuesta nacional ganaron más de 30% en dólares. El que no entró en el canje argentino está perdiendo mucho dinero. Casi 70%. Y eso ayuda a Buenos Aires. Más allá de ello, lo importante es que la principal provincia argentina salga del default y el país completo se normalice en ese sentido.
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