Pese a que oficialmente el gobierno de Ricardo Lagos atenuó su malestar por las restricciones al suministro de gas argentino a medida que éste se fue normalizando en junio, la prensa chilena sigue expresando el mal humor que suscitan en ese país los recortes originados en una mayor demanda en el mercado local. Esto demuestra que Chile sigue esperando de la Argentina el mismo volumen de gas contratado en los últimos cinco años, y con la misma confiabilidad. Sin embargo, en el ámbito local, la crisis energética que tuvo entre marzo y abril su momento más complicado evidenció que nuestro país debería poner un límite a las ventas externas del producto, porque las reservas halladas hasta ahora sólo alcanzan para los próximos 12 años al actual nivel de consumo. En su edición de ayer, el diario «El Mercurio» publicó que «las bajas temperaturas registradas en los últimos días en Buenos Aires vuelven a complicar el suministro de gas natural hacia Chile». También aseguró que desde el domingo rigen «recortes adicionales para los principales gasoductos que conectan a Chile con la vecina Argentina».
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Según la publicación, el gobierno de Néstor Kirchner requirió a las empresas productoras de la cuenca neuquina « redireccionar gas al mercado interno por 2,1 millones de metros cúbicos diarios, en desmedro de las exportaciones hacia Chile». Pero el diario también admite que «como varios productores argentinos pudieron aumentar la extracción de gas en sus pozos, al final recortaron sólo 1,18 millón de metros cúbicos (12,7% de fluido proveniente de Neuquén) a los clientes chilenos que operan en la zona central».
«El Mercurio» también indicó que los recortes para el norte de Chile aumentaron de 900.000 metros cúbicos diarios a 1,4 millón. Asimismo, según el diario chileno, también se habría redireccionado 1,3 millón de metros cúbicos que iban a Magallanes, lo que afectó el suministro de la planta de Methanex.
• Compromisos
La Argentina contrajo compromisos con Chile durante el gobierno de Carlos Menem, y, después, las empresas petroleras aumentaron las ventas sobre los volúmenes pactados, a través de permisos precarios, hasta llegar a exportar más de 20 millones de metros cúbicos diarios.
Siendo ya evidente que éste no es un país gasífero, como se decía en los '90, y que Bolivia tiene reservas sustancialmente más altas y más fáciles de extraer, parece que el criterio de venta a Chile debería ir variando. De hecho, la semana pasada, el ministro de Planificación, Julio De Vido, negoció con el presidente boliviano, Carlos Messa, la compra de 20 millones de metros cúbicos diarios (prácticamente lo mismo que se exporta a Chile), que se transportarán por el gasoducto del nordeste, por construirse antes de 2007.
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