La Argentina y el Club de París retomarán el dialogo oficial antes que termine marzo. Una vez que el Board del Fondo Monetario Internacional (FMI) apruebe el Facilidades Extendidas convertido en ley, y que en horas llegará a las oficinas técnicas del organismo que maneja Kristalina Georgieva, ya podrían abrirse las negociaciones con el Club. Sin embargo, desde el Ministerio de Economía, contabilizan que el pedido primario del grupo de países acreedores en junio del año pasado, cuando se cerró la aplicación de un “puente de tiempo” fue hasta que el país avanzara con el FMI. Por ello se considera en Buenos Aires que llegó el tiempo de abrir la negociación oficial con ese grupo de acreedores. Incluso se analiza que en realidad este organismo sólo había pedido una “Carta de Intención” con el Fondo; con lo que el acuerdo aprobado por ley en Argentina, ya habilita la posibilidad de una renegociación.
Argentina y el Club de París, más cerca de retomar la negociación
Luego del “puente de tiempo” pactado en junio del año pasado, se buscará ahora refinanciar la deuda de unos u$s2.000 millones con el organismo.
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El propósito oficial es abrir un diálogo con el Club para renegociar el pago de los u$s2.000 millones que se le deben, y comenzar a cerrar el complicado capítulo de un pasivo no tan prominente, pero molesto a la hora de discutir nuevas líneas para empresas privadas. Cuando se cerró el “puente de tiempo” firmado el 22 de junio del año pasado, se instruyó entonces al ministerio de Economía “a renegociar un nuevo Acuerdo Marco con los países del Club de París que reemplace la ‘Declaración Conjunta sobre el Acuerdo de Liquidación de Atrasos de la República Argentina’ del 29 de mayo de 2014, como así también los Acuerdos Bilaterales suscriptos. Según se afirma en los considerandos del Decreto, la renegociación debe hacerse respetando las posibilidades de pago del Estado Nacional. El Decreto designa al Ministerio de Economía como autoridad de aplicación”.
Teóricamente, ahora Martín Guzmán estaría legalmente habilitado a llamar al Club y comenzar a discutir el refinanciamiento de los aproximadamente u$s2.000 millones que aún se adeudan, luego de los pagos parciales de u$s230 millones del 28 de julio del 2021 y los u$s130 millones del 22 del mes pasado. Ya no hay más vencimientos pactados, y las partes necesariamente deben reunirse para determinar la manera en que el país liquidará su deuda. La que obviamente no será saldada al contado, ya que el país no está en condiciones de girar u$s2.000 millones con dinero provenientes de las reservas de Banco Central. Menos si se quiere cumplir con lo firmado con el FMI, de lograr un incremento mínimo de u$s5.000 millones en el activo en la entidad que maneja Miguel Pesce. Tampoco Argentina puede darse el lujo de usar la mitad de los aproximadamente u$s4.350 millones que el FMI girará el mes próximo, por los DEG que se pagaron entre septiembre y diciembre del 2021 al mismo organismo, y que ahora serán devueltos como gesto de buena voluntad. Pero como no hay vencimientos cercanos, se abre un marco de tiempo para negociar un acuerdo final con el Club de París, el que se firmaría en el segundo trimestre del año y podría extenderse por tres o cuatro años.
El primer acreedor es Alemania con un 37,37%, dinero generado de manera mixta; con créditos directos para empresas privadas (en los 90), sumado a viejas líneas del gobierno alemán a la Argentina de décadas anteriores. En el listado luego aparece Holanda con un 7,98% de la deuda. Se trata de otro caso complicado, donde por cuestiones culturales no existe mucha flexibilidad para países que no cumplen con sus pagos. Los Países Bajos votan tradicionalmente en contra en el board del FMI de los acuerdo que propone Argentina.
El cuarto acreedor del país es España, con un 6,68% de la deuda. Es el rezago generado por el crédito que en 2001 giró el gobierno de José María Aznar, para ayudar a sostener la convertibilidad y los giros de dividendos de las compañías españolas radicadas en el país. El total de ese crédito fue de unos u$s1.100 millones, Argentina los declaró en default en diciembre del 2001 con el resto de la deuda externa argentina y durante la primera etapa de gestión de Néstor Kirchner hubo un intento de negociarla por fuera del Club de París, en mejores condiciones que el resto de los acreedores.
La presión del resto de los socios de la Unión Europea hizo que el pasivo se sume a la demanda general del Club de París. Le siguen como acreedores Italia (6,29%), Estados Unidos (6,28%), Suiza (5,31%), Francia (3,62%), Canadá (2,02%) y un 2% distribuido en el resto del mundo.
A diferencia de lo que ocurre con el FMI, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a los que se le paga como institución; en el Club de París la situación es diferente. Los acreedores son estados independiente y soberanos, que decidieron en el siglo pasado unirse en el grupo para reclamar las deudas con países emergentes de manera conjunta para tener más fortaleza en el reclamo. Curiosamente o no, el país que obligó a esa unión fue Argentina, y las dificultades de cobranza generados en la primera mitad de la década del 50 del siglo pasado.
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