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19 de enero 2006 - 00:00

Comisión para el gasoducto Caracas-Buenos Aires que preocupa a Evo Morales

La vieja ocurrencia de que un camello es un caballo hecho por una comisión parece verificarse de nuevo con el faraónico gasoducto que se pretende construir desde Venezuela y sobre el que volverán a hablar hoy Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva en Brasilia. En efecto, ya funciona una megacomisión denominada Comité Multilateral de Trabajo para la Interconexión Gasífera entre la Argentina, Brasil y Venezuela, que celebró su primera reunión en Caracas. Los resultados de ese encuentro serán presentados hoy a los presidentes. Entre ellos, una primera tasación difundida por el ministro de Energía venezolano: «Tenemos previstos costos de entre 17.000 y 20.000 millones de dólares para una obra que durará entre 5 y 7 años». Sin mayores costos, claro. Para tener una referencia: Yacyretá demandó (hasta ahora) 8.000 millones de dólares. ¿Cuánto gas hace falta vender para que el esfuerzo sea financieramente razonable? ¿De dónde saldría ese gas? ¿A cuánto habría que venderlo? Son preguntas que nadie responde todavía, aunque se hable de empresas interesadas y de que hasta el rey Juan Carlos I de España podría sumarse a la iniciativa. Al menos para los anuncios, claro. Mientras transcurren los 7 años de la construcción, el gasoducto presenta un problema: irritar a Evo Morales, que puede tomarlo como un modo de eludir a Bolivia como proveedor. De hecho, Brasil está buscando, en la explotación del mar frente a Santos, una cuenca que le permita prescindir en parte del gas boliviano: representa 35% del que consume (para la Argentina es 5%). En este contexto vale la pena leer lo que dijo el futuro presidente de Bolivia cuando regresó a su país desde Buenos Aires, el martes: «Tenemos que entendernos para evitar una guerra por el gas o por el agua, que son los motivos por los cuales se producen hoy las guerras». Seguramente exageraba. Mientras tanto, ayer Kirchner debutó con su primera visita de Estado a Brasil, en la que Lula habría aceptado poner cupo a algunos productos que se exportan. Claro, sin revelar su estrategia: con tantas empresas radicadas en nuestro país, le conviene obtener divisas como beneficios de esas compañías y no irritar a empresas argentinas. A cambio, Lula pide el aval de Kirchner para ser líder de Sudamérica.

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Néstor Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez y Lula da Silva.

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• La reunión tendrá expresiones públicas y otras más reservadas. Entre las públicas, los tres presidentes se referirán, casi seguro, al gasoducto que pretenden construir desde Venezuela hasta el Plata, pasando por Brasil en una traza que todavía no está definida (el propio bolivariano la fue modificando en un mapa con un marcador mientras hacía el anuncio, la primera vez que se refirió al emprendimiento en público).

Antes de que se expidan los tres mandatarios sobre esta obra, Chávez realizó algunos anuncios después de reunirse con su ministro de Energía y presidente de PDVSA, Rafael Ramírez. Uno de esos adelantos es muy significativo: «Se está avanzando con mucha voluntad política para hacer realidad este proyecto de mucha trascendencia regional, previsto en costos de entre 17.000 y 20.000 millones de dólares en todas las fases del trabajo, que durarán entre 5 y 7 años».

La cifra es fabulosa, si se tiene en cuenta que Yacyretá costó 8.000 millones de dólares. Esa represa binacional había sido presupuestada en 1.500 millones de dólares. Es de esperar que en el caso del gasoducto no se produzcan mayores costos en semejante proporción. También que no haya tantas demoras: la obra de Yacyretá fue programada para terminarse en 5 años y tardó más de 20.

Aún así, los técnicos se preguntan de dónde saldrá el gas que permitirá, con su venta, amortizar los costos de semejante obra de ingeniería. Seguramente Julio De Vido se lo explicará en algún momento a su jefe Kirchner. Salvo que ambos consideren que la duración, costo y financiamiento de la empresa sea un problema de quienes los sucedan: si tardarán 7 años y comenzará en 2007, el trabajo supera inclusive un eventual segundo mandato del santacruceño, quien sólo se beneficiará con lo que se hable del tema desde ahora hasta ese entonces.

En Brasil tal vez no quieren esperar tanto: la semana pasada comenzaron la exploración gasífera-offshore frente a las costasde Santos. Es lógico: el mercado brasileño importa desde Bolivia 35% del gas que consume. Por eso la situación boliviana desde el triunfo de Evo Morales se ha vuelto especialmente delicada para el gobierno de Lula da Silva. Sobre todo si se tienen en cuenta las primeras declaraciones, seguramente exageradas, del líder cocalero: al regresar desde Buenos Aires a La Paz, el martes, dijo que «lo que debemos evitar es una guerra por energía o por el agua, que son los motivos por los cuales en estos días se inician las guerras». Alarmante «el Evo».

• Otra cuestión energética que seguramente interesará en Brasilia durante esta cumbre tripartita tiene que ver con el acuerdo que celebraron las cancillerías argentina y la brasileña en Montevideo, el 9 de diciembre pasado. Por ese acuerdo, la Argentina se compromete a garantizar un mínimo de provisión de gas a las usinas que producen energía eléctrica para el mercado brasileño. Es un compromiso que tiene una víctima secreta: Chile. Es decir, para cumplirlo en condiciones de restricción de gas, la Argentina debería suspender el flujo de gas al país trasandino (tal vez se escuche hablar de esto a Michelle Bachelet en los próximos días).




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