13 de mayo 2002 - 00:00

Cómo andará todo, que juegan al oro

Cómo andará todo, que juegan al oro
Podemos encontrar mil y un motivos para justificar que tengamos mercados en «vías de extinción» (ni aun así, se lo declara al argentino «especie protegida»). Pero, al mundo las cosas no le están yendo de maravillas, si es que el aburrimiento local incita a darse una vuelta extramuros. Ni hablar de vecinos que trinan por caídas de reservas, o porque le están dando duro con cuestiones políticas al otro, mucho más lejos y en lo que resulta la proa de las inversiones: hay un deshacer de euforias y el sumo recato, como para ver muchas ruedas consecutivas de caídas (el Dow), con efectos colaterales clásicos, sobre otras plazas aledañas.

• El oro, el dato

Y a tal punto se ha ido desprestigiando el fárrago de papeles de deuda, los títulos empresarios, los bonos gubernamentales en el mundo, que un espíritu que descansaba en paz con el viejo y percudido oro, recibió la orden de levantarse y andar. Pasaron un plumero por los gráficos, convocaron ciertas figuras que fichan fuerte, y tratan de armar un mercado del metal: que sería así el primero del nuevo siglo. ¿Dónde puede llevar esto? Como están las cosas, quizás haya jaleo aurífero por un rato, en tanto los demás activos transmitan inseguridades, desvíos nefastos, default, falta de utilidad acorde a sus precios y toda la gama de linduras que se arrastra en una economía globalizada que, también, cae en regios pantanos que se comunican velozmente y hacen tendencias encadenadas. En nuestro microclima, vamos de nuevo, y tratando de levantar: en especial, en ese volumen que se agota.

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