Cómo YPF dejó de ser estratégica para Repsol
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más huevos en otras canastas.
Si el año 1999 fue espectacular para Repsol YPF (término poco técnico pero muy ilustrativo utilizado por Cortina en su mensaje a los accionistas), el 2000 todavía fue mejor. De los 2.429 millones de euros de beneficio neto que arrojó el año, 959,8 millones los aportó YPF SA. Las reservas siguieron subiendo y el Brent ya estaba por encima de los 28 dólares, pero esto ahora no era un problema. Además, ese año se logró la extensión de la concesión del gran yacimiento gasífero Loma de la Lata (Neuquén) hasta el 2025, la producción de gas de la empresa en Argentina creció el 79,9%, y la de petróleo 66,9%, (ahora sí se tomaba el año entero) mientras en España caía 25% y en el resto del mundo aumentaba un discreto 7,5%.
La maduración del posicionamiento en Argentina se reflejó en las inversiones en desarrollo (son las destinadas a comercializar las reservas), incluso en el 2001 -el año de la crisis-, que le costó a la empresa 256 millones de euros y un resultado operativo 33,8% menor al año anterior. La necesidad de producir más hizo que el 57% de esas inversiones en desarrollo se destinaran a Argentina, donde permanecían las mayores reservas y eran más accesibles.
Sin embargo, ya la empresa comenzaba a curarse en espanto y se lanzaba a la diversificación geográfica rápidamente: se compraron más reservas de gas en Venezuela, se recibió el 10% de un campo petrolero en Brasil, se hizo un descubrimiento prometedor en Colombia y otro en Libia. La diversificación se justificaba en que, por primera vez, mientras en Argentina la producción de gas subía apenas 3%, en Bolivia y el resto del mundo lo hacía un 45%.
Para colmo, el 2002 estuvo marcado por la crisis económica y un nuevo marco regulatorio del sector petrolero, con nuevos impuestos a la exportación de crudo y productos y la congelación y pesificación de las tarifas del gas natural. Según la empresa estos factores se vieron compensados sólo parcialmente por el incremento de la producción y la venta de gas, principalmente fuera de Argentina. Ahora desarrollar negocios fuera del país se consideraba clave, por lo que se apuntó decididamente a Brasil, Trinidad y Tobago, Venezuela y Libia. Aunque el grueso de las reservas de la compañía seguían estando en Latinoamérica, ahora la porción argentina había descendido a 58,5% (lejos del 81% inicial), y la de Bolivia aumentado al 25%.
También la producción cambiaba su tendencia: seguía cayendo la de petróleo en Argentina y aumentando en el resto de Latinoamérica; y la de gas prácticamente se estabilizaba en Argentina mientras aumentaba un 96,5% en el resto de la región durante 2002.
Obviamente, detrás de los resultados se mueven las prioridades y las Repsol YPF lo hicieron hacia afuera más aceleradamente, mientras en Argentina se incrementaban las retenciones a las exportaciones y se mantenía congelado el precio del gas, lo cual a su vez desalentaba la exploración y disminuía las reservas.
En el 2003 Repsol YPF prácticamente había dejado de considerar a Argentina sus principales activos estratégicos, que son los que sirven para proyectar el mediano y largo plazo. En Trinidad y Tobago, por ejemplo, triplicó sus reservas y aumentó la producción
del valioso LNG, destinado a los mercados del Atlántico.
Repsol YPF ha incrementado el peso de sus negocios en nuevas áreas geográficas
aprovechando las mejores opciones de crecimiento, fue la explicación que, por defecto, también decía taxativamente que en Argentina se veían menos posibilidades para ese crecimiento. Desde el punto de vista empresarial, las decisiones se manifestaban acertadas. Ese año la compañía alcanzó un récord de producción de hidrocarburos, con decisiva influencia de Trinidad y Tobago. También las reservas globales aumentaron un 3,27%, pero la porción argentina cayó del 58,5% al 51%.
En el 2004, las reservas en Argentina habían vuelto a descender al 48%, mientras aumentaban en Bolivia, Trinidad y Tobago y Venezuela, principalmente. Más del 65% de todas estas reservas eran gasíferas. En líquidos, los únicos países donde aumentó la producción fueron los de Latinoamérica (excluyendo a Argentina). Esto estuvo relacionado con lo que pasaría en 2005, cuando Repsol YPF alcanzó los mejores resultados de su historia y una posición de líderes en el Caribe. En conjunto, Argentina, Bolivia y Brasil aportaron sólo el 36% de los ingresos ese año.
En Argentina, las retenciones del gobierno sobre las exportaciones de gas y petróleo alcanzaron los 102 millones de euros.
Un elemento importante es que en 2005 la compañía hizo una corrección a la baja de sus reservas totales, por más de 700 MMbep. Esa corrección alcanzó principalmente a Bolivia (52%) por factores políticos y jurídicos -según se explicó- y a Argentina (41%) por una nueva evaluación del comportamiento de los yacimientos y también por la incertidumbre sobre la extensión de concesiones. En el otro extremo, adquirió activos importantes en el golfo de México (en los megayacimientos Shenzi y Ghengis Khan, que son los más rentables de la industria petrolera mundial) y, a la vez hizo el descubrimiento más grande de su historia en Libia.
El actual presidente de Repsol YPF, Antonio Brufau, dice de esta nueva coyuntura que no se trata de achicarse en Argentina, sino de crecer en otros lados. Como fuera, la posible venta de parte de los activos en el país a un grupo industrial argentino -que no mencionó pero que se identifica como el conocido Grupo Eskenazi-, es una reacción casi insoslayable a factores propios de la industria (madurez de los campos), políticos (las políticas oficiales) y estratégicos (la ambición de crecer más rápidamente en otros países, incluso en algunos fuertemente estatistas, como Ecuador, Bolivia y Venezuela).
El futuro aquí
Hace algunos años, Neuquén decidió comprar el 13% del paquete accionario de hidroeléctrica El Chocón, adquirida por capitales chilenos. No fue un buen negocio para la provincia, pero la compra sirvió para hablar de la neuquinización de El Chocón (con fiesta popular y todo), tal como ahora se habla de la re-argentinización de YPF.
Los resultados de los negocios petroleros crean una curva que comúnmente puede oscilar año a año, siguiendo imponderables de precios u otras razones puntuales y coyunturales. Lo sólido, lo concreto, son las reservas y el marco político de mediano y largo plazo que permita ponerlas en el mercado. Y parece claro que la ruta en Argentina para Repsol YPF se hace más angosta hacia adelante, mientras se ensancha en otros países.
Por eso el eventual inversor de los 3.500 millones de dólares en que se cotizaría el 25% de YPF SA. haría una apuesta más que fuerte. Si esa transacción se concreta, posiblemente esa re-argentinización sea acompañada por el gobierno aflojando la presión sobre las exportaciones de crudo y gas, las tarifas y los combustibles, es decir, los elementos que casi asfixiaron a los negocios de la empresa en el país. Y es posible que ya haya un guiño en ese sentido. Aún así, sigue habiendo una gran cuota de imponderable y no son pocos los especialistas escépticos.
YPF SA. podría mejorar su cash flow en Argentina, Brasil y Bolivia (sobre todo en Bolivia por un aumento en las exportaciones de gas hacia Argentina), asumiendo una menor presión desde lo oficial. Pero a la vez tiene compromisos de inversión importantes, particularmente los acuerdos de exploración de varias áreas off-shore en sociedad con ENARSA, que también adquiriría proporcionalmente el eventual comprador del 25%. En exploración de riesgo o alto riesgo, lo único seguro es la inversión, pero no el beneficio.




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