Conflictos muestran gente muy molesta
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Podría parecer que los sindicalistas acumulen movimientos de fuerza ahora y no en vísperas del 23 de octubre próximo, algo que podría enemistarlos con el gobierno y poner en riesgo sus privilegios y riqueza particulares. Más cuando el propio gobierno ve crucial esos comicios desde que, voluntariamente, los proclamó plebiscitarios de sus dos años de gestión a esa fecha. Sin embargo, se nota en estos días que muchos movimientos sobrepasan a los sindicalistas. Víctor De Gennaro -gremialista que pretende tener CGT propia en base a empleados públicos protegidos por estabilidad de ley, en consecuencia sin riesgos- no pudo parar la huelga en el Hospital Garrahan.
El encolerizamiento laboral del momento parece, entonces, guiarse por otros motivos. Cuando menos serían dos. Uno es que se van a cumplir casi cuatro años desde el estallido de la economía en diciembre de 2001, cuando todo el país se retrajo y la gente lo tomó con resignación y hasta miedo por la caída de sueldos, cierre de empresas e incrementodel desempleo. Casi cuatro años después comienza una inquietud que tiene tradición: es el lapso -tal vez más común haya sido dos años- que normalmente se le concede a cualquier cambio político para que comience a dar resultados. Para este caso de plafond de tranquilidad suman los períodos de Duhalde y de Kirchner que, en definitiva, significan populismo de derecha uno y de izquierda el otro.
Otro motivo que se percibe es un mejoramiento, real en el país desde fines del año pasado, aunque a la mayoría de la gente le cambia poco la vida. Casi cuatro años, además de concesión de tranquilidad a un nuevo gobierno, socioeconómicamente tiene variantes intrínsecas muy importantes que los políticos simples llamados economistas no suelen captar. Se empieza a poner viejo el auto en la clase media, se percibe un real crecimiento en los hijos que amenaza con mayores costos. Hay deterioro del hogar, de muebles, de artefactos, el nuevo cuarto para separar a los hijos, decidirse a tener el primero en matrimonios jóvenes. Todo empieza a verse como impostergable de resolver. La gente se molesta, se inquieta. Recomponer un sueldo sólo por el monto de la inflación o cerca empieza a no bastar y surge ese descontento. Comienzan a molestar gestosy actitudes en el Poder. Un sindicalista como Hugo Moyano peleándose con Armando Cavalieri no por sueldos de la gente sino por quitarse afiliados uno a otro da idea de que el tiempo de la crisis da paso al de las superficialidades. Lo mismo la pelea Eduardo Duhalde-Felipe Solá más las ambiciones de los caudillos bonaerenses que nada tiene que ver con la realidad de la gente. Aunque muchos piensen que es correcto que la primera dama, Cristina Kirchner, nos represente bien, con elegancia, muchos piensan que ya hay cierta frivolidad en un vestuario que, en consortes de un primer mandatario, no se veía tan costoso desde Eva Perón.
• Fotos
Para agravar el panorama está la tendencia del gobierno de oficializar la información -y sobre todo las fotos- que hace que nunca se muestre a la pareja presidencial fuera del marco del Coliseo romano o de calles de París y Berlín para pasar, con no menos lujo pero de sport, a las esplendorosas fotografías de los fines de semana patagónicos.
Nunca algo familiar, con hijos, por ejemplo, y menos sonrisas, cuando en cambio abruma la iracundia del Presidente en sus discursos. Súmesele al mismo Moyano filmado ahora con Cristina Kirchner igual que antes con Adolfo Rodríguez Saá. También escándalos tan light como funcionarios públicos junto a empresas como Southern Winds a cuyos aviones el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, hacía retrasar en la salida hasta que llegara o bajaban pasajeros de las máquinas si aparecía con más acompañantes de lo previsto. No menos aire de no ocuparse de lo importante da para un público que se ve estancado en su mejor bienestar, observar al Presidente peleándose encarnizadamente con un obispo por una frase. El cebamiento con Carlos Menem a casi seis años que dejó de gobernar. Ven el jolgorio de cargos y figuración de los progresistas y la gente estancada cada vez menos cree todos los ataques contra la década del '90. Se escucha preguntar tímidamente a gente simple qué hizo, qué sacrificó la pareja presidencial para llegar al sitial que ocupa. Muestra que comienza a haber más molestos y menos dispuestos a discutir con los compañeros que quieren paros.
Juan Perón, Eva, Menem y su hija Zulemita mostraron tanto o más boato que los Kirchner, pero tenían en lo personal otra simpatía, otro carisma y trajeron épocas de real mejora de la gente, aunque hayan sido efímeras. Hoy no se las tiene a la vista. Peor aún: se teme que terminada la elección de octubre las cosas pueden empeorar. Lo hacen por instinto, pero se equivocan.




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