Estando a dos horas de vuelo de la cosmopolita Milán, los gobiernos decidieron otra cosa. No es el miedo al coronavirus (más asusta el Corona Beer, ironizan amigos germanos), sino a que algún funcionario de estos creídos lo deje a uno en cuarentena. Vuelos vacíos y muchos lugares cerrados describen los que de allí vuelven.
El pánico es el arma más letal y eficaz de los autoritarios, porque nubla la mente y provoca reacciones primarias como apelar a la violencia. Y la violencia, ya lo ha establecido la ciencia, no puede sino destruir aun en los casos de defensa propia y urgente.
En EE.UU., aunque muchos mantenían el optimismo, el impacto puede ser grande. De las 364 empresas que decidieron postergar sus declaraciones de ganancias del cuarto trimestre de 2019, 138 citaron la epidemia como causa. Apple advirtió que podrían faltarle insumos debido al cierre de sus fábricas en China y Jaguar Land Rover cree que en dos semanas faltarán partes.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) calculó que la industria —entre las más golpeadas — podría perder unos u$s29.300 M en 2020. Y la directora del multiestatal FMI dijo que se prepara para dar apoyo adicional. “La cooperación internacional es esencial…”. Léase, dennos más dinero y poder porque “necesitamos ayudar más”, claro que ese dinero sale de los impuestos de los ciudadanos comunes que quedarán más empobrecidos y, ergo, más vulnerables.
El presidente chino reconoció que “es inevitable que el coronavirus tenga un impacto considerable”. En las zonas de mayor peligro de transmisión, hay cuarentena obligatoria de trabajadores, cierres parciales de fábricas y restricciones estatales al transporte, entre otras cosas. Por cierto, han aprovechado para fortalecer la dictadura del Partido Comunista y jaquear a disidentes en Hong Kong.
Moody’s había proyectado un crecimiento global del 2,6% para las economías principales, y lo redujo al 2,4% en 2020. Para Oliver Rakau, de Oxford Economics, entre muchos, “la fragilidad de las cadenas de suministros en China, podría tener fuertes repercusiones”.
El coronavirus es mucho menos letal que las autopistas. En el orden de los diez mil muertos después de unos meses, la mortalidad que los medios han ubicado en 2,3% resulta más baja que la del 9,3% del SARS cuyo brote en 2003 duro seis meses, causó 8.000 casos y 800 muertes, con un costo global de u$s40.000 M. Si el SARS causó una baja del 0,8% en el PBI de China ahora, en el primer trimestre de 2020, podría caer al -6% anualizado.
Por cierto, suena razonable la opinión de muchos expertos como Santi Puig: aprovechen para comprar ahora que los mercados están a la baja -el S&P 500 y el EuroStoxx 600 caen 13,5% desde el 19 de febrero- ya que esta represión estatal del coronavirus no puede durar mucho porque es antinatural. Según Santi, “los resultados empresariales se verán afectados entre 1 y 4 trimestres según empresa y sector”.
Muchos creen que la recuperación será rápida y en V. El precio del oro ha empezado a bajar, el dólar se abarata, la Fed podría bajar las tasas el 29 de abril y el rendimiento de los bonos del Tesoro baja fuerte y se invierte la curva -el del de 10 años está en el 1,16% y el del de un mes en 1,49%- lo que para algunos es signo de recesión. En cualquier caso, todo esto hace más atractiva a Wall Street.
A ver, el problema de esta saga del croronavirus no son las muertes que provoca que son muy lamentables y es de esperar que terminen pronto pero que económicamente no significan nada, sino la violencia destructiva de los Estados -su represión policial a los movimientos de personas, etc.- que, como toda violencia, es lo que está destruyendo, causando toda esta debacle económica.
¿Qué pasa, que las personas en libertad no son capaces de cuidarse a sí mismas? Este es el argumento del totalitarismo y supone que los seres humanos son idiotas y suicidas. Ahora, si los seres humanos somos idiotas y suicidas ¿por qué los políticos que se benefician directamente al aumentarles el poder y presupuestos serán sabios y santos?
En cuanto a la Argentina, además de que siguen aumentando la presión fiscal y las regulaciones asfixiantes y así cualquier producción es desaconsejable -la Bolsa cayó más de 9% la semana pasada sin que se vislumbre piso- el primer caso de coronavirus en Brasil intensificó las alarmas. Con China como el principal comprador global de materias primas, la caída de la demanda compromete precios y volúmenes. Soja y Vaca Muerta, las dos vacas que el Gobierno quiere ordeñar para salvarse podrían complicarse.
El precio de la soja cae un 10% en lo que va del año y el Brent está en los niveles más bajos desde mediados de 2017. Cae el consumo de combustible para aviones, para la actividad industrial y cae la demanda de China que importa el 10% de la producción global de petróleo. El gobierno chino publicará pronto sus cifras de importación petrolera y también se conocerán informes de organismos como Platts, la OPEP e IAE y entonces podrá evaluarse el futuro del crudo, hoy complicado.
*Asesor Senior en The Cedar Portfolio.
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