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Una huella tenue, casi imperceptible, enlaza la presión del ministro de Economía con la batalla entre policías y taxistas. Ambos hechos, decodifican en el gobierno, responden a «movidas» para «posicionarse» de cara a la gestión que encabezará Cristina de Kirchner.
Lo de Peirano es lineal: el economista, obsesionado por sacarse de encima el karma de Guillermo Moreno, quedó en suspenso y podría pagar el costo de su rebeldía. Ayer, voceros interesados, hasta echaron a rodar posibles nombres para ocupar su sillón.
Uno de los más citados fue Sergio Massa, titular de la ANSeS, y flamante intendente electo de Tigre. Massa se porta como un «soldado» y no dudaría en mudarse a Economía pero, dicen a su lado, ahora está enfocado exclusivamente en asumir como jefe comunal.
¿Y qué hizo Massa, en la mañana de ayer, durante varias horas en el Ministerio de Economía? Esa presencia agitó todas las sospechas. La explicación que dieron en su entorno fue de manual: fue a dejar «en orden» los « papeles» de su gestión en la ANSeS.
Sorprendido por los rumores que lo asociaban a un supuesto reemplazo en Economía, Massa repartió su tiempo además entre el organismo que preside y temas del municipio bonaerense. «Ministro de Economía, ni loco» le dijo el funcionario a un ejecutivo vinculado al mercado de capitales. Por la tarde participó de un cónclave con Daniel Scioli e intendentes electos.




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