5 de diciembre 2002 - 00:00

Criterios de convergencia para el Mercosur

Criterios de convergencia para el Mercosur

















En el documento de Lula sobre su plan de gobierno «Programa de Goberno 2002» se plantea la integración regional en el marco del Mercosur, que culmine en la adopción de una política monetaria común: «Es necesario fortalecer el Mercosur, transformándolo en una zona de convergencia de políticas industriales, agrícolas, comerciales, científicas y tecnológicas, educacionales y culturales. Reconstruido, el Mercosur estará apto para enfrentar desafíos macroeconómicos, como los de una política monetaria común. También tendrá mejores condiciones para enfrentar los desafíos del mundo globalizado. Por lo tanto, es fundamental que el bloque construya instituciones políticas y jurídicas y desarrolle una política externa común».

Sin embargo, para que el Mercosur pueda adoptar una política monetaria común y más adelante una moneda común, se debería plantear en primer lugar la necesidad de un proceso de convergencia macroeconómica de los países del bloque, tal como sucedió con la Unión Europea.

Pero en el caso del Mercosur esta convergencia es mucho más compleja ya que no hay un país de referencia estable hacia el cual se converge, como era el caso de Alemania para Europa. En el Mercosur sería necesario en forma simultánea la convergencia y la estabilización de al menos dos de los principales países: Brasil y la Argentina.

El proceso de convergencia debe producirse partiendo de la fijación de criterios objetivos a los que los países deben llegar en un período a fijar. Básicamente, las variables clave serían las que se definieron para la convergencia en la Unión Europea, imponiendo límites cuantitativos, tal como se definió en Maastricht (1991): inflación, tipo de cambio, tasas de interés de largo plazo, resultado fiscal y deuda pública.

Dada la diferencia sustancial entre los países de la Unión Europea y del Mercosur, las metas cuantitativas que se fijaron en aquella oportunidad para la convergencia deben adaptarse a la situación de la región. Básicamente, se podrían redefinir los criterios de la siguiente manera:

La inflación de los países miembros del Mercosur debe converger a la internacional durante el período de convergencia, llegando a niveles de 2%/3% anual a nivel consumidor. Esta meta es clave para garantizar que la moneda única que se implemente sea demandada por el público.

• Tipo de cambio

Se debe establecer una banda de flotación para los tipos de cambio nominales, que ayude a la convergencia en inflación, pero sin incurrir en problemas de competitividad.

Dado el sinceramiento en los tipos de cambio nominales de este año, especialmente en la Argentina, y en menor medida en Brasil, Uruguay y Paraguay, el mantenimiento de los mismos cerca de los niveles actuales no es difícil, si se aplican planes económicos coherentes. Por su parte, la inflación de la Argentina será probablemente elevada en los próximos años, dada la inflación reprimida de este año. En el caso de Brasil, la inflación sería menor, pero aun así, superior a la meta en los primeros años. Por lo tanto, si se estabilizan los tipos de cambio nominales, la mayor inflación proyectada para la Argentina respecto de Brasil permitiría que el tipo de cambio real bilateral convergiera a un nivel similar al del promedio de las últimas dos décadas, que podría tomarse como un nivel de equilibrio.

Actualmente, esta relación de tipo de cambio real bilateral es favorable a la Argentina, ya que está 40% por encima del nivel de referencia, mientras que el año pasado era favorable a Brasil en 35%, pero claramente ninguno de estos puntos pueden considerarse de equilibrio.

Para que la convergencia del tipo de cambio y la inflación sea sostenible en el tiempo es fundamental en primer lugar que las finanzas públicas estén ordenadas. Por eso, en el Tratado de Maastricht se definieron tres límites adicionales que apuntan a lograr este objetivo: deuda pública sobre el PBI (máximo 60%), déficit fiscal sobre el PBI (máximo 3%) y tasa de interés de largo plazo, que es un indicador de las expectativas de inflación futura (2% por encima del promedio de las tasas de interés de los 3 países de la Unión Europea con menor inflación). Pero para países como los nuestros esto no es suficiente, y además de hacer más estrictas estas metas, debe agregarse un objetivo para el endeudamiento externo, tanto del sector público como privado, ya que el mismo está en la base de las recurrentes crisis que sufren los países emergentes.

• Deuda pública

El alto nivel de endeudamiento interno y extremo de los gobiernos pone un freno al crecimiento, ya que genera presiones sobre las tasas de interés, además de deteriorar el resultado fiscal por los pagos que implica el servicio de la deuda. De cara a este objetivo, la deuda pública consolidada debe reducirse, hasta alcanzar un máximo de 40% del PBI en el caso de los países del Mercosur.

Los gobiernos deben alcanzar al menos el equilibrio fiscal, y los pagos de intereses de la deuda pública en ningún caso pueden superar 3% del PBI. Esto implica que el superávit primario debe ser de al menos 3% del PBI.

Relacionado con esto, otro criterio que los países miembros deben cumplir es que el patrimonio neto de los Estados llegue, al menos, a cero. Esto requiere una mejora del resultado fiscal que permita reducir la deuda con relación al producto en el tiempo.

• Tasas de interés

Las tasas de interés de largo plazo de los bonos de los gobiernos deben ir reduciéndose, hasta situarse en un spread de 2,5 puntos porcentuales por sobre la tasa de bonos de duración similar de EE.UU. Este nivel es acorde con una calificación de riesgo BB+, que es la calificación mínima que deben alcanzar los países miembros en el período de convergencia. La deuda externa total debe reducirse durante el período de convergencia, para alcanzar un nivel de a lo sumo 50% del PBI.

De acuerdo con lo mencionado anteriormente, la convergencia en tipo de cambio e inflación podría alcanzarse en un lapso de 5 años, mientras que, según los datos de los cuadros anteriores, habría más problemas en lo referido al sector público y al endeudamiento. En primer lugar, ninguno de los dos países tiene equilibrio fiscal. En el caso de la Argentina, el problema a partir de 2002 está disimulado por el default parcial en el pago de intereses. Por otro lado, en cuanto al endeudamiento, la Argentina tiene un severo problema luego de la devaluación, ya que el grueso de la deuda pública y un alto porcentaje de la deuda privada son externos. Sin embargo, las cifras están distorsionadas por el efecto de la devaluación en términos reales, que se irá corrigiendo en los próximos años. Por el contrario, en Brasil el problema está centrado en la deuda interna, mientras que la deuda externa total está cerca del límite. Por lo tanto, dado el importante desvío que hay en estos aspectos, requerirán un plazo mayor para alcanzar las metas propuestas.

A la luz de lo anterior, surge que adoptar una moneda común en el Mercosur supone resolver importantes cuestiones macroeconómicas que requieren un plazo suficientemente largo, de manera de asegurar el éxito de la misma. Y además debe tenerse en cuenta otro tipo de consideraciones no macroeconómicas, referidas en general a instituciones, que también son cruciales para la implementación de una moneda común. Como ejemplo, en el proceso de integración europea se creó el Instituto Monetario Europeo, antecesor del Banco Central Europeo, cuya función fue coordinar y evaluar el cumplimiento de las metas económicas de los países que aspiraban a formar parte de la Unión Europea. En consecuencia, el prerrequisito fundamental para encarar una convergencia de este estilo es un sólido respaldo político de todos los países del bloque a este proceso, que por el momento está lejos de alcanzarse, y al mismo tiempo generar una pequeña estructura políticotécnica que defina y ejecute las decisiones dentro del Mercosur, independientemente de los países miembros.

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